En Catia la reforma constitucional gan� en 2007, pero perdi� a nivel nacional.
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Como quien mira un equilibrista que cruza dos rascacielos sobre una cuerda tensa, los venezolanos aguardan los resultados del referendo constitucional de este domingo sin un claro pron�stico sobre el resultado.
Ni en Catia, un populoso sector del oeste de la ciudad, ni en la plaza Altamira, vecindario t�pico de clase media, parece haber unanimidad, o al menos una tendencia marcada.
Pero nadie puede quitarle los ojos de encima al equilibrista. Y nunca falta una duda subyacente sobre si podr� cruzar sin contratiempos.
Esto fue lo que recogi� BBC Mundo en un recorrido por las dos zonas, a escasos d�as de la consulta donde se juega la reelecci�n indefinida del presidente Hugo Ch�vez y de otros funcionarios p�blicos.
Popular, populoso... chavista
En el boulevard de Catia la ma�ana transcurre entre compras en tiendas formales y puestos improvisados, partidas de domin� y alguna que otra discusi�n pol�tica.
En la acera, cuadrillas de obreros vestidos de rojo taladran, reparan y barren. En una esquina un cami�n vende "bolsas felices" que contienen cuatro paquetes de harina de ma�z, dos de arroz y otros productos b�sicos a precio "solidario".
M�s abajo, una joven identificada como trabajadora de las misiones del gobierno ofrece "tres paquetes de az�car por diez mil bol�vares (menos de US$5)" empujando una carretilla.
En la distancia se divisan las torres de peque�os departamentos y las casas precarias de techo de zinc, aqu� conocidas como "ranchos", habitadas por cientos de miles de personas que se estima componen la clase media-baja y la clase baja.
En Catia hay pobreza. Y tradicionalmente, son los menos favorecidos quienes han acogido con m�s entusiasmo la propuesta chavista.
Seg�n cifras oficialistas, en 2007 la parroquia Sucre -de la que forma parte- le dio el "s�" al proyecto de reforma constitucional, incluida la reelecci�n ilimitada, con el 57% de los votos (la iniciativa fue derrotada a nivel nacional).
Esta vez, y comparado con otras zonas de la ciudad, la campa�a por el "s�" parece poco intensa. Hay afiches, hay murales, hay volantes, pero un buen n�mero de postes y paredes fueron "perdonados" por los propagandistas. Eso s�: por el "no" no se ve ni una calcoman�a.
Pero eso no significa que el voto de Catia est� decidido.
Las cartas no est�n echadas
"Mucha gente est� con el 'no', para que Venezuela tenga un cambio. �sa es la realidad del pueblo catiense", le dice a BBC Mundo un se�or recostado de una puerta. Y a continuaci�n, apunta a los obreros: "A esos que t� ves ah� con franelita roja les est�n pagando para hacer propaganda indirecta".
"Yo sol�a votar por Ch�vez, pero ahora es un enga�o", se�ala un vendedor ambulante de raticida que se toma un descanso sentado en un escal�n. "He o�do entre la gente del pueblo que la gente pobre no progresa, hay mucho descontento".
Dos tiendas m�s all�, dos caballeros mayores difieren. "Ese hombre (Ch�vez) vuelve a ganar a chorro. M�s vale malo conocido que bueno por conocer. �Pa' d�nde vamos a cog�'?", se dicen el uno al otro.
"Mentira, la gente est� calladita", difieren dos se�oras que comen helado a la sombra de �rbol. Una de ellas tambi�n vot� antes por Ch�vez, pero ahora lo hace responsable de sendos problemas como que "hay mucha delincuencia" y "tiene los poderes comprados", aunque aclara que ella no es de la oposici�n.
En el mercado municipal los pron�sticos no coinciden. "Quiz�s en los cerros gane, porque hay mucho chavista", dice una vendedora de productos enlatados de origen portugu�s que est� con el "no".
"El 'no' gana, yo oigo gente que viene de todas partes", la contradice un vendedor de verduras, otro ex votante chavista que se arrepinti� a los seis meses porque no le gusta "la gente grosera".
Pero el jefe del Estado cuenta con al menos dos votos duros en Catia: los de unas vendedoras ambulantes de franelas y shorts que, a pesar de que fueron sacadas del boulevard por el alcalde chavista Jorge Rodr�guez, van a votar "s�" este 15 de febrero.
"Nos ofrecieron una soluci�n. Lo que pasa es que tenemos que esperar. Y no podemos apoyar el 'no' porque no queremos que el pa�s retroceda", dice una de ellas.
Y en un puesto de flores que tiene desplegado su afiche por el "s�" la due�a asegura que est�n "todos alegres porque vamos a ganar sobrados".
Del otro lado
Con menos de 10.000 pobladores, Altamira forma parte del municipio Chacao, uno de los m�s ricos del pa�s.
Los partidarios del "s�" llegaron hasta la Plaza Altamira, zona anti-chavista por excelencia.
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Est� dominado por las casas y edificios de apartamentos de clase media, clase media-alta, as� como comercios y restaurantes frecuentados por bolsillos pudientes.
La plaza, en la parte baja de la urbanizaci�n, ha sido escenario de algunos momentos ic�nicos de la batalla opositora contra el presidente Ch�vez.
En medio del paro petrolero de 2002-2003, fue declarada "territorio liberado" por manifestantes que hicieron del lugar un basti�n permanente de protesta.
Desde 1998 ning�n candidato chavista a cargo ejecutivo ha ganado en el municipio Chacao.
La esperanza
Ahora ha visto batallar pac�ficamente a j�venes que promov�an cada una de las opciones del referendo, quienes d�a y noche esperaban en las esquinas a que los sem�foros cambiaran a rojo para lanzarse al medio de la calle con carteles, silbatos y canciones.
"Yo no estoy de acuerdo, pero creo, sinceramente, que va a ganar el 's�'", se�ala un se�or que lee peri�dico en un banco.
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El ambiente est� un poco tenso. Unos dicen que va a ganar el 's�', otros que el 'no', pero los dos andan amenazando con que va a haber disturbios si pierden
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"El ambiente est� un poco tenso. Unos dicen que va a ganar el 's�', otros que el 'no', pero los dos andan amenazando con que va a haber disturbios si pierden", expresa -preocupado- un joven estudiante que aguarda un autob�s.
El joven acaba de cumplir los 18 a�os y no vota, pero dice que en su familia "hay de todo".
Un grupo de muchachos con camisetas por el 'no' se prepara para salir a repartir volantes, pero tampoco arriesgan una predicci�n.
"La esperanza es lo �ltimo que se pierde", dice una de las j�venes.
Le apunto que eso no suena muy optimista. "Bueno, estamos trabajando", es su respuesta.
El recorrido termina con la respuesta abrupta de un se�or que teclea fren�ticamente su tel�fono celular.
"Yo no doy opiniones pol�ticas", me corta.
�Ser� un posible abstencionista?