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Orgullosa de estas mujeres

Mi abuelita Tana y mi abuelita Rita

Mi abuelita Tana y mi abuelita Rita

Amo a mis abuelas. Es la mayor aseveración que puedo hacer en este momento. Soy dichosa de tenerlas conmigo. Ambas son un enorme ejemplo en mi familia y ambas tienen mucho en común. Me siento completamente orgullosa de ellas. Mujeres fuertes, mujeres valientes y de gran corazón.

Un día, estando triste y pensando en todas las cosas por las que he pasado, vinieron ellas a mi mente; y es porque si de alguien he heredado fortaleza y valor para enfrentar los problemas o los malos ratos, ha sido de ellas, no me queda la menor duda. No conozco a mujeres más sacrificadas, desprendidas de sí mismas, para darse a los suyos como ellas. Son de esas personas a las que saludas y en el instante te llenás de paz. Porque a pesar de las tristezas, de las angustias, de la pobreza, de las dificultades que les ha tocado afrontar, tienen una sonrisa a flor de labios y una palabra de esperanza.

Cuando hablo con ellas, vuelvo a creer en la humanidad, cuando las escucho, cada una a su manera, me hacen comprender que vale la pena seguir adelante, que vale la pena estar unidos en familia, que vale la pena hablar con Dios y que cada día y cada cosa, aunque sea pequeñita es un regalo de Dios, porque saben ver en lo poco y en lo pequeño grandeza. Porque saben valorar a las personas sin ningún reparo, solo porque tienen un corazón demasiado limpio, demasiado tierno.

Sus abrazos son como una inyección de fuerza, cada vez que las abrazo me quedo con su paz, con su fuerza y con su amor. Porque ellas logran transmitirlo, no solo a mí, sino a quienes están cerca de ellas. Y todo esto lo digo sin caer en emocionalismos ni sentimentalismos baratos.

Mujeres de campo, mujeres trabajadoras, literalmente, de sol a sol. No me imagino cómo debieron ingeniárselas en tiempos de hambre y escasez para sacar adelante a sus hijos e hijas. Sólo sé que esos hijos e hijas son hoy hombres y mujeres de bien, que se enternecen con las penas y las alegrías, hombres que derraman una lágrima sin vergüenza porque han encontrado la bondad en ellos mismos, y mujeres que se levantan día a día de las cenizas para enfrentar los problemas y calamidades.

Mi familia es muy pobre, pero ustedes no se imaginan qué rica y poderosa me siento de pertenecer a ella. Porque hay más riqueza en sus corazones que la que he podido conocer por donde he ido y pasado.

Mis abuelitas son una de tantas bendiciones en mi vida. Diosito, déjamelas a mi lado por más tiempo, es lo único que pido.

Las amo abuelita Tana y abuelita Rita.

El abanico rojo

Decidí esperarlo toda la noche en su habitación. Quería convertirme en su musa y lograr quitarle ese miedo a la página en blanco que lo paralizaba hacía más de una semana.
Cuando volvió del bar, lo sorprendí sentada en el sillón, vistiendo sólo un abanico rojo.
Quieto bajo el umbral de la puerta me recorrió con la mirada y cuando ya sus pupilas no podían dilatarse más, emprendió la marcha hacia donde yo estaba.
Chistando y moviendo la cabeza lentamente le indiqué que no debía acercarse ni un paso más. En cambio, le señalé con el abanico la mesa donde se encontraba su notebook.

-Lo que sea que estés pensando en hacerme, deseo que me lo hagas a través de tus letras.

Un brillo cruzó sus ojos y una media sonrisa se dibujó en su rostro.
Se sentó frente mío y comenzó a escribir como hacía tiempo no lo hacía. El sonido de sus dedos sobre las teclas comenzaron a acariciarme como si sus dedos dibujaran las palabras sobre mi piel. De vez en cuando, se detenía esa bella música y lo descubría mirándome, llenándose de mí como un hombre que acababa de atravesar un desierto y se encontraba con un vaso de agua. Al principio sus ojos me recorrían ansiosos, sin embargo, a medida que avanzaban las horas, su mirada se tornaba más sabia, descansando por largos momentos en alguna zona específica de mi cuerpo.
Me hizo el amor con su pluma toda la noche; mi cuerpo terminó conteniendo páginas enteras de sus versos, de sus historias y de sus sueños.
Y entonces, cuando no pudo resistirse más, se volvió para dejar la notebook sobre el escritorio. Me tomó en sus brazos y me depositó en la cama. Dejé de ser la musa para convertirme allí en el lienzo del artista. Mi piel se encontraba blanca, lisa, a la espera de su arte…
Y me hizo el amor nuevamente, llenándome esta vez, de sus suspiros y sus silencios.

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Trata de Doris Arlen

 

Cita

Doris Arlen
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Clamor de la Sangre

 

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Sufrimiento de multitudes

guerras crueles por doquier,

ciudades sumergidas en escombros,

el légamo del odio y la avaricia enloda la inocencia.

Las cenizas del fuego devorador de Marte aniquila la pureza de los ojos infantiles.

El dominio soberbio congela imperativo las sonrisas femeniles de las descendientes de Juno, quienes dan a luz a inocentes víctimas

para los verdugos.

Crueles sanguinarios, ¿dónde están sus almas?, ¿habrá perdón para sus genocidios?

Que ha perdido la movilidad

de sus miembros la Justicia

ya no basta sólo

la ceguedad de sus ojos.

Divino Juez: mira hacia abajo, i

mparte justicia entre los hombres

y redime a este pueblo de cuerpo

y mente heridos sin cicatrizar.

Las memorias de mi nación se están borrando, en pastas de colores

han quedado grabadas

Las historias que el literato

a su forma describe.

Los recuerdos de atroces vivencias

son anulados por el advenimiento

de nuevas tiranías.

La sangre derramada

reclama el salario de su ingenua lucha,

pide a gritos avenencia

y exige asepsia ante la putrefacción

 

Doris Espinoza

ESPERAR…

Con cariño a Isabel Wong Fupuy

Ya ves cómo un amor de tanto esperar se obscurece,

cómo decaen las emociones si no se asoma el estímulo;

y se borran las sonrisas del rostro,

se opacan las brillantes miradas

y como si el viento se llevara la esperanza del corazón.

 

La esperanza se pinta de tristes colores.

¡Cómo muere un amor de tanto esperar…!

De esperar por alguien que quizás no volverá jamás.

Esperar algo que no posees,

porque nunca ha sido propio.

Cultivar una ilusión por largo tiempo,

darte cuenta que quizás nunca florecerá.

 

Esperar, esperar y esperar….

¿Hasta cuándo?

¿Hasta que el amor ya no existe,

hasta que el dolor oprime el pecho,

las lágrimas siempre a flor de piel

y el sentimiento; nostálgico?

 

Ya ves cómo hasta los mejores pensamientos

hacia el ser que se espera, con el tiempo

se transforman en resentimiento y amargura.

 

Aún así no se ha perdido, lo que nunca se ha poseído… Image

 

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PIENSO EN VOS

¿Qué te haces?

¿Huyes?

¿Por qué te escondes en los misterios?

Ven acá,

siéntate aquí,

a mi lado,

donde te vea,

donde yo pueda acariciar tu faz,

para que no grites en tu silencio.

Y verte a los ojos,

que se mueven como mariposas

en días de verano, como hoy.

Para que oigas los susurros

de los versos que hoy te escribí.

Ven. No huyas.

¿Por qué te escondes?

Déjame que te mire y pueda yo decirte

que hoy la mañana se vistió de gala

porque observó que pienso en vos. Image

Madrid, 23/03/04

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ENSÉÑAME

A sentir más allá de un sueño,

a vivir más allá de un beso,

a tener amor del bueno,

a aferrarme al cariño en el pensamiento,

a no vivir la vida plástica,

a pronunciar palabras con sentimiento,

a besar sintiendo efusión,

a abrazarte con toda afección,

a amar en todo su esplendor,

a llorar de emoción,

a concebir la ternura en mi piel,

a poder verte a los ojos y decirte con la verdad:

TE AMO ….

Quiero, simplemente que me enseñes a querer. Image

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NO ME ODIES

Sin quererlo el amor se acaba de repente,

se esfuman las sensaciones en la piel,

el ardor de un beso se congela

y la efusión embriagadora de un abrazo se extingue.

 

Las miradas se tornan comunes,

ya no encierran intensidad ni misterio.

 

El deseo de verte y hablarte a cada instante feneció.

Te fuiste apagando como una vela que llega a su fin.

Fuiste convirtiendo nuestros encuentros en rutina,

y cada conversación en monotonía.

Ya no se entrega en cada beso el alma

ni en cada suspiro la pasión.

 

Este amor efímero cual rosa

que no espera la mañana con vitalidad.

 

En mis apacibles sueños ya no estarás,

en mis alegres amaneceres no despertarás

y en mi triste vida no existirás. Image

DO-RE-MI-LA-DO

Con paso acompasado danza la bailarina

al ritmo doremilado de la música marina.

Trémula voz de olas endulzan tus oídos

cuando te encuentras a solas

como las aves sin nidos.

 

Quiero, amado mío, con esto,

que veas la vida bella,

donde vos sos la estrella y tu porvenir…, el resto.

La Coruña, 2004

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