Sino a la posibilidad de que, en breve, tengamos en el mercado acumuladores de sodio domésticos, no necesariamente ligados a una instalación fotovoltaica.
¿Qué sentido tendría tener una batería conectada a la red? El mismo que un operador de red, jugar con la curva de precios diaria: cargarla cuando la electricidad está barata (por ejemplo, ahora en verano, las horas centrales del día) y aislar la casa de la red y tirar de esas baterías cuando está cara (cuando el sol empieza a decaer, hasta que nos vamos a cama).
El ingenio, según lo vaticino (que le he puesto pilas nuevas a mi bola): Una batería de una capacidad modesta, equivalente a 1/3 del consumo diario típico de una vivienda, con un sistema de control capaz de gestionar automáticamente el modo de carga-descarga, que sería invisible para el usuario. Esto se realizaría conectándose por Wifi (ahora hasta la escobilla del inodoro tiene WiFi) a un servidor que le entregaría la curva de precios para el día siguiente, con la cual podría elaborar la estrategia.
¿Por qué tiene más sentido un acumulador doméstico que no uno industrial? Porque la horquilla de precios para el usuario doméstico con la cual jugar es más amplia que la subasta mayorista y, por lo tanto, mayor es el ahorro potencial (y, por lo tanto, más corto el plazo de amortización, ceteris paribus). Poniendo como ejemplo los precios minoristas de hoy, fluctúan entre los 0,0802 – 0,3023 €/kWh. El precio spot de hoy en el OMIE varía entre los 70 y los 171,11 €/MWh. Una cociente de 3,76 en el PVPC y de 2,44 en el mayorista. Esto es debido a que en el PVPC se cargan también los peajes, y lo hacen de forma diferente según el momento del día (el conocido horario pico, llano y valle).
Por supuesto, el acumulador industrial se beneficiaría de costes de celda menores, pero al mismo tiempo lleva unos requerimientos como operador de red que el doméstico no contempla (aunque si tiene capacidad de formación de red, también cobraría por ello del sistema).
Proyección temporal: Una mayor implantación de renovables crearán un mayor desequilibrio en la curva de precios, exacerbando los momentos de sobreproducción en los que el precio caiga a casi cero, y momentos en que entra la generación convencional que procura compensar elevando mucho los precios de subasta. Cuando mayor sea esta horquilla diaria, más conveniente es ese arbitraje que se logra con acumuladores químicos (u otros medios como las hidros reversibles, que tienen la ventaja de poder también jugar con la horquilla estacional).
Sin embargo, una adopción masiva de acumuladores, sean domésticos o industriales, aplanarían la curva diaria, reduciendo el beneficio/ahorro potencial. Pasa lo mismo que con la adopción masiva de renovables, que deben aceptar producir a precios muy bajos, porque cuando sale el sol o sople el viento, se tumban los precios porque todos entran a la subasta con coste marginal cero. Este fenómeno, por cierto, apenas se comenta cuando representa el principal obstáculo para su adopción masiva.
Me exaspera que reiteradamente se haga alusión en los medios al sentimiento de culpa colectivo por los crímenes del nazismo para justificar el apoyo alemán al colonialismo judío (aka sionismo) y, aún peor, se insista en ello sin soltar una carcajada.
Antes de nada. Las culpas colectivas es un concepto legal pre-moderno, que quedó absolutamente proscrito del derecho hasta la aparición del fascismo (un retroceso intelectual a los siglos oscuros), y ahora rescata el postmodernismo (que es, básicamente, pre-modernismo).
Es muy evidente, o debería serlo: el hijo del mayor asesino es completamente inocente de los crímenes que cometiera su padre. Las sociedades no delinquen, delinquen las personas concretas con acciones concretas. Y mucho menos, el estigma del crimen es hereditario.
Por lo tanto, responsabilidad de los alemanes de hoy por lo que hicieron sus abuelos, ninguna. Igual que tampoco piden responsabilidades, ni cabe pedirlas, por lo que les hicieron las potencias vencedoras.
Ahora bien, tan infame como las culpas colectivas son… las culpas selectivas.
Aunque en el imaginario popular educado por Hollywood la Segunda Guerra Mundial fue ganada por el US Army tras el desembarco de Normandía, y en los campos de concentración no había más que judíos, lo cierto es que en ellos se procuró destruir al enemigo interior: presos políticos (fundamentalmente comunistas), delincuentes comunes, enfermos mentales, gitanos, testículos de Jehová, o prisioneros de otras nacionalidades, entre los cuales destacaron los republicanos españoles entregados por Vichy (de hecho, fueron los primeros inquilinos de Mauthausen).
Señores, seamos serios. Si esa culpa, si esos remordimientos por los crímenes causados por sus ancestros fueran sinceros, mostrarían el mismo comportamiento servil hacia todos los grupos que un día fueron sus víctimas, no sólo uno en concreto. Por ejemplo, deberían promover la expulsión de la población local del Punjab para reasentar a los descendientes de los gitanos centroeuropeos. Porque si el exterminio de los judíos fue espantoso en número, el de los gitanos lo fue en proporción: no dejaron ni un gitano vivo en toda Deutschland. ¿Por qué esa diferencia con los judíos? ¿Debemos colegir que los gitanos sí que se lo merecían?
Y más sentido (es decir, ninguno, la sóla idea es una chifladura) tendría promover el reasentamiento de una población que salió del Punjab hace 600 años, a hacerlo con otra, los askenazíes, cuyos ascendientes jamás pisaron Palestina (como sus rasgos raciales atestiguan). Sin embargo, no veo que los alemanes de hoy dispensen un trato deferente a la población gitana. Inexistente en Alemania, pero no parecen muy interesados en expiar los pecados del abuelo Hans ayudando a los gitanos eslovacos o franceses.
Pero si el número total de víctimas es el que determina esa culpa, entonces la matanza de judíos palidece con la masacre del verdadero enemigo del pueblo germánico: los eslavos. 20 millones de eslavos muertos, y no veo en el pueblo alemán el mismo servilismo hacia el mundo eslavo que demuestran hacia los judíos. ¿Curioso, no? De hecho, están pertrechándose para volver a atacar el corazón del mundo eslavo, esta vez como subalterno teledirigido por el imperio anglosajón. Una vez más, es de suponer que tal empresa se saldará con unos cuantos millones de alemanes menos, que se repartirán en un trozo sustancialmente menor de territorio. O quizá a la tercera va la vencida y, en unas pocas generaciones, se podrá considerar al Hochdeutsch una lengua muerta.
Ni que decir tiene que tampoco se promueve en la sociedad alemana la empatía y resarcimiento hacia los comunistas. Muy al contrario, promueven legislaciones que los equiparan a sus verdugos, si un alemán no tiene inteligencia ni conciencia, como para pedirle coherencia histórica.
Pero es que esa culpa selectiva, tampoco la encontramos en otras sociedades.
Si es por barbaridades de las que avergonzarse, el ejército imperial japonés cometió atrocidades al por mayor allá por donde pasó. La masacre de Nankín es quizá el episodio más conocido, pero dejaron prueba de su criminalidad. Sin embargo, en el Japón de hoy no hay un trato preferente a chinos, coreanos, filipinos o birmanos. Ni mucho menos.
No nos vayamos tan lejos. Tampoco vemos en la sociedad croata que se dirijan a la población serbia con un trato complaciente y reconciliador, después de las salvajadas de sus Ustaša.
¿Y Bélgica, con las atrocidades de pesadilla que perpetró en el Congo? No veo hoy en día al estado Belga, y muy en particular a su casa real, manteniendo una relación de humillación y vasallaje con el Congo, para expiar las barbaridades sin cuento que cometieron durante su breve experiencia colonial. O el Raj británico, o…
O, si es que la única víctima con derecho perpetuo a consideración y reparación es el pueblo de los Elegidos, tampoco veo que se humillen mucho polacos, lituanos o, especialmente, ucranianos, que entierran con honores de Estado a colaboracionistas nazis que participaron activamente en el exterminio de judíos, y los honran poniendo su nombre a cuerpos del nuevo ejército ucraniano post-golpista.
En resumen, que de la larga retahíla de atrocidades cometidas por el ser humano en tiempos recientes, la única que ha dado lugar a esa deuda moral perpetua es la de Alemania para Israel.
EEUU, de hecho, no sólo no tiene remordimientos sino siquiera reconocimiento de los 38 millones de muertos que ha causado desde el final de la Segunda Guerra Mundial (aunque desde antes de su misma fundación ya acreditó su naturaleza genocida). Desde abrasar cientos de miles de civiles en sus bombardeos sobre Japón, con bombas atómicas o las aún más mortíferas incendiarias, pasando por los 8 millones de toneladas de explosivos lanzados sobre Vietnam, Laos y Camboya; la promoción del exterminio de comunistas y todo lo que se le pareciera en Indonesia y, lo que es más aberrante, en tiempos de paz; el patrocinio de dictaduras fascistas en buena parte del continente americano… hasta las recientes guerras en Oriente Próximo a mayor gloria del Estado judío. Un historial criminal inédito en este planeta que no sólo no mueve la potencia imperial a la contrición y expiación de sus crímenes, es que no hay ni siquiera el reconocimiento y asunción de los crímenes cometidos, confiando en la capacidad de su propaganda para ir reescribiendo la historia y echando tierra y olvido sobre sus víctimas.
Pero volvamos a Alemania, el país que inauguró el marcador con el primer genocidio del s.XX, que consumió la vida de decenas de millones de personas en una carrera criminal frenética, y que rinde tributo a sus costumbres siendo un colaborador necesario en el primer genocidio del s.XXI (segundo exportador de armas a Israel, sólo detrás de EEUU, además de su principal soporte político en Europa).
Tampoco me sorprende que un estómago acostumbrado a digerir la gastronomía germánica, no tenga problemas tampoco para soportar matanzas de dimensiones bíblicas (para los hebreos las masacres son un rasgo cultural más, una pieza inseparable de su folklore).
Entonces, resolvamos de una vez la pregunta. ¿Por qué se da ese complejo de culpa exclusivamente en las relaciones de Alemania con Israel, y no en ningún otro caso de masacres espantosas? ¿Hemos de suponer que los alemanes tienen la piel más finita, una moralidad más desarrollada, que otros pueblos europeos? ¿Pero sólo se manifiesta para un colectivo concreto de víctimas?
JE JE JE
¿Es esto creíble? ¿Es esto serio, razonable o digno de tomar en consideración?
La pregunta ya la contestamos hace unos días. La razón de esa culpa selectiva indeleble es, sencillamente, que Alemania es un país vencido y ocupado, con su maquinaria político-mediática, los creadores de información y opinión, en manos de los EEUU. Y estando la administración de los USA controlada por el sionismo, obligan a las sociedades estipendiarias a someterse a los designios del estado colonial judío.
Los alemanes, sencillamente, hacen lo que se les enseña, lo que se les ordena. Carentes de autonomía moral, delegan su conciencia en la autoridad. La única diferencia respecto a otras ocasiones, es que esta autoridad es extranjera. Poco importa, lo importante, lo cómodo y seguro es obedecer.
Su maquinaria mediática creó la imagen de víctima absoluta, esencial, con el pack completo desde el diario de Ana Frank a la lista de Schindler. Y se forjó la Erinnerungskultur, como ideología ad-hoc para mantener una dependencia eterna, una deuda moral imprescriptible, con el estado hebreo. Sólo un rasgo más del control absoluto que el imperio anglosajón tiene sobre la sociedad alemana, la cual gobierna como quien zarandea y mantea un pelele.
El señor Grijalvo escribió hace unos años esta entrada: Reclutamiento.
No acabo de estar en todo de acuerdo en sus apreciaciones: Las lumbreras no suelen tampoco llegar a la dirección ejecutiva de las empresas privadas. Eso queda reservado a los hijos de la aristocracia económica (generalmente, unos asnos).
Pero en lo tocante a la gestión pública, el problema es evidente y conocido.
Yo no podía saber que Ábalos era un corrupto. Pero sí que era un inepto: La basura del P$O€
Si Pedro Sánchez hubiera sido lector de este blog, hoy tendría mejor sueño.
Miniarticulito para aportar una pieza más a la anterior entrada.
España no tiene mucho recurso hidráulico, en la mayor parte de la península llueve poco. Pero sí que tenemos una notable capacidad de almacenamiento (pero no podemos turbinar mucho, o la agotamos rápidamente), de 56.043 hm³. Traducido a términos energéticos (la electricidad en que se puede convertir la energía potencial de ese agua embalsada), 23.011 GWh.
Eso viene siendo un aproximadamente la demanda de un mes invernal.
Por lo tanto, convirtiendo en reversible la mayor parte del parque de hidroeléctricas (no siempre es posible, pues necesitamos un reservorio inferior, el superior es la propia presa), tendríamos una acumulación estacional que estaría próxima a cubrir la temporada de menor irradiación solar, suponiendo una mayor penetración de eólica y fotovoltaica permitida por las baterías de Na, que desplazara a los ciclos combinados. Esto es, un sistema sin emisiones de CO2 directas, que prescindiría de la combustión para generar electricidad.
Porque estamos hablando de sólo un mes, pero de un mes que la hidro podría cubrir ella sola el consumo, si la parca contribución de la fotovoltaica cerca del solsticio de invierno, pero también sin ese 17% que aportan los reactores, y una mayor contribución de la eólica, que ayudó a llenar los embalses en otoño aprovechando los momentos de sobrecapacidad.
Por supuesto, son nuevamente números a vuelapluma, pero no estamos tan lejos.
La inversión es manejable: 1.500M€ para 1.800MW de bombeo instalado en Conso II, en una infraestructura que durará décadas y permitirá al operador jugar con la horquilla de precios diaria y estacional, es decir, comprará barato y venderá caro, es un excelente negocio. La energía ágil, despachable a voluntad, vale mucho más que los torpes MW nucleares o los caprichosos renovables.
Como decíamos antes, el bombeo es mucho más eficiente (η = 0,75) que la mamarrachada del «hidrógeno verde» (η = 0,35) que promueven los magufos europeos.
Y, realmente, el daño ecológico ya está hecho: se trata de aprovechar mejor embalses preexistentes.
Tratando las baterías de Na, dejé un gran boquete en la muralla de mi planteamiento, que lamentablemente nadie identificó y tuvo a bien comentar.
Los acumuladores químicos empiezan a ser una buena alternativa para aplicaciones de red para equilibrar la curva de producción diaria. Pero ¿y la estacional?
Esta entrada es una excusa para tratar de introducir esta estupenda animación, que hace inmediata la comprensión del problema.
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La energía eólica presenta una estacionalidad hasta cierto punto compatible con la solar, pero es mucho más caprichosa.
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Y no hay muchos lugares donde haya recurso suficiente para justificar su aprovechamiento (a partir del amarillo).
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Aunque en el mapamundi la península aparezca en tonos azules y verdes, con mayor ampliación sí que aparecen puntos tierra adentro susceptibles de ser aprovechados.
Como ya he comentado en otras ocasiones, los aerogeneradores no se ponen «donde no molesten ni afeen el paisaje», sino en localizaciones muy concretas donde hay recurso.
Básicamente, la cumbre de las montañas, ciertos corredores como el valle del Ebro , el del Ródano o el Estrecho, o puntos de la costa batidos por los vientos como la esquina noroccidental peninsular o, en menor medida, los cabos da Roca e de São Vicente.
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A lo que vamos. Las baterías sirven para satisfacer la demanda diaria, pero se necesita otro tipo de acumulación o respaldo para la demanda estacional. El respaldo ya sabemos que es con gas (no se construye una central nuclear para tenerla parada buena parte del año), y la acumulación hasta ahora la hacemos con hidro de bombeo (η = 75%, pero un gran impacto ecológico si hay que inundar nuevas cuencas).
Lo que se plantea es crear capacidad de acumulación a partir de hidrógeno de hidrólisis y convertido en metano o amoniaco para su almacenamiento (η = 35%). La UE apuesta por este último camino, como corresponde al grupo de analfabetos científicos que rige nuestros destinos.
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