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Zhou Wendou 2001

domingo, 19 de julio de 2026

Por piezas (3)

 

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Rebecca Aldernet

Pieza 3, amarilla con rayas azules.



El ajedrez era un pretexto. Por parte de los dos. Aquella tarde estaba sola en casa, sus padres estaban de viaje, le invitó a tomar café y a jugar una partida. No sabía si le gustaba una cosa o la otra, sí sabía que le gustaba él.

Tomaron café con toda ceremonia y dispusieron el tablero entre los dos, separándolos. Ella acariciaba un alfil entre los dedos, sonreía. Antes de mover ninguna pieza se miraron, se levantaron, se abrazaron y al poco rato estaban en el sofá, entrelazados, besándose.

Al cabo de unos minutos ella se separa y dice: “te espero arriba, mi cuarto es la segunda puerta de la derecha, ahora voy”.

A él esa proposición le pilla por sorpresa, siempre ha pensado que es una chica recatada,  sube las escaleras bastante cortado. En la habitación mira un poster de Santana, un libro de poemas de Neruda en la mesilla y entonces entra ella. Le mira, se saca el vestido por la cabeza y después en un gesto decidido se quita la ropa interior. “No tenemos todo el día”, dice riendo, pícara.

Él se desnuda y le abraza torpemente, mientas se acarician sabe que es mucha mujer para su escasa experiencia, lo intuye a pesar de su entrenamiento en natación, del gimnasio, de sus desarrollados pectorales y tríceps. Le intimida su desenvoltura, es un pésimo amante, en un minuto se ha derramado y aunque ella le consuela, “tranquilo, le pasa a cualquiera” sabe que le ha decepcionado. Luego se visten  y bajan al salón. “¿Vamos al centro?, he traído el coche”, dice él. “No, me quedo en casa, quiero hacer unas cosillas”. Y se va  con la sensación de qué por mucho que lo intente de ahí en adelante sus llamadas de teléfono siempre encontrarán la línea ocupada.  


Este es un puzle imposible de armar.
Al menos con estas piezas.




¿Qué fue del ayer con las oportunidades perdidas y el oro del amor enterrado?

sábado, 18 de julio de 2026

Por piezas (2)

 

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Rebecca Aldernet


Pieza 2, verde y roja con rayas azules.

Serrat canta “ay, mi amor, sin ti no entiendo el despertar…”, toman café, comen galletas de chocolate, hablan, se ríen. “¿Quieres una copa de cava?”. Sí. Hablan, se ríen. “Te espero arriba”. Y arriba se llena de ángeles que se ponen una venda en los ojos y salen por la ventana para dejarles disfrutar del Cielo. Es decir, todos no salen, uno, femenino, se queda dentro del cuerpo de esa mujer porque no es normal que, de pronto, se convierta en diosa y sea tan dulce, tan cariñosa, amorosa, delicada, complaciente, curiosa, activa, que disfrute y haga disfrutar así, que sea tan tierna y tan ardiente a la vez, que sea tan generosa, tan receptiva, tan elegante, tan pasional, tanto. Después hablan, se ríen. 

Me engañaste, dijiste “no tengo experiencia”

Parker casi se lo cree.

viernes, 17 de julio de 2026

Por piezas (1)

 

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Rebecca Aldernet

Pieza 1, amarilla con motas verdes.

Parker le acaricia dos centímetros debajo del ombligo.

Ella se pone muy seria y dice “pero bueno, qué te has creído, ¿por quién me has tomado?” y le da un sopapo por atrevido.

Con la  mejilla roja y la moral por los suelos Parker se sienta en un sofá y mira al suelo.

Cuarenta años después, aquella ella, rodeada de sus nietos, piensa, “pobre hombre, se quedó cortado. Lo peor es cómo me quedé yo ¿y si hubiera estado bien?”

jueves, 16 de julio de 2026

La artritis mental-

 

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Pues eso, esto es diverso, que entre ponte bien y estate quieto no encuentro la fórmula para decir lo que no quiero decir, enseñarme, asomar, sacar los escarabajos del alma (Según San Agustín el alma del hombre es una sustancia activa y fue creada para el cuerpo del hombre, y ahí está apresada), este continuar entre vacaciones, que se acaban o empiezan, según, que sigue esta afición al noble arte del decir, en mi caso poco artístico, bastante artrítico (La artritis es una enfermedad degenerativa de las articulaciones consistente en la inflamación o desgaste de una articulación. Puede darse tras una lesión cuya cura no terminó como debería, por el acumulamiento excesivo de ejercicio en las articulaciones, u otras causas. Su riesgo, dependiendo de lo desarrollada que esté, puede llegar a ser muy grave, llegando a inmovilizar completamente la articulación en la que se presente. En algunos casos, se extiende a todas las articulaciones e impide una vida normal y la posterior discapacidad de movimiento en todo el cuerpo. Si la artritis no está muy avanzada, puede tratarse con tratamientos especializados y sesiones de terapia. La Osteoartritis como la Artritis reumatoide precisan tratamientos diferentes bajo la supervisión de un reumatólogo.) Es decir, eso, esto, diverso.

miércoles, 15 de julio de 2026

Dylan Thomas

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'Muertes y entradas' 

 

Casi en la incendiaria víspera 

    de varias muertes cercanas,

cuando lo menos uno de tus más amados

    y conocidos de siempre tenga que abandonar  

los leones y las llamas de su aliento aéreo,

    de tus amigos inmortales

quién levantará los órganos del escrutado polvo

    para emitir y cantar tu alabanza,

aquel que llamó de lo más hondo guardará silencio,

    uno que no puede ahogar o interrumpir

    eternamente ante su herida

en el enajenante dolor de tantos casados de Londres.

 

Casi en la incendiaria víspera 

    cuando ante tus labios y tus teclas,

que se cierran, que se abren, se tambaleen las extrañas víctimas,

    aquella que es la más desconocida,

tu vecina estrella polar, sol de otra calle,

    caerá en picado hasta las lágrimas.

Lavará su sangre derramada en el mar viril

    que holló por tus muertos

y tejerá su globo con tu hilo de agua

    y llenará la garganta de los proyectiles

    con todos los gritos desde que la luz

por primera vez destellara en sus ojos tronantes.

 

Casi en la incendiaria víspera 

    de muertes y de entradas,

cuando cercanas y extrañas víctimas en las oleadas de Londres

    hayan buscado tu tumba solitaria,

un enemigo, de muchos, que bien sabe

    que tu corazón es luminoso

en la vigilada oscuridad, temblando en cerraduras y cuevas,

    atraerá los relámpagos

para apagar el sol, caer, montar tus teclas oscurecidas

    y alejar solamente a los jinetes chamuscados,

hasta que ese al que menos amaste

    aceche al último Sansón de tu zodiaco.

 

  (trad. Andrés Catalán)

 

 

'Vemos levantarse el viento secreto tras el cerebro,' 


Vemos levantarse el viento secreto tras el cerebro,

la esfinge de luz posarse en los ojos,

el código de los astros traducirse en el cielo.

Una noche secreta desciende entre

el cráneo, las células, las plegables orejas

sosteniendo eternamente la luna muerta.

 

Un grito sube al cielo como un cohete,

calamidad del populacho de los ciegos

decoradores de la frente de la ciudad,

doradores de calles, las manos del populacho

aplauden a la atareada hermandad

de la vara y la rueda que resucita a los muertos.

 

Una deidad urbana, movida por turbinas, esculpida de acero,

relumbra en las calles eléctricas;

un salvador urbano, en el huerto

de farolas y frutas de altos voltios,

pronuncia un evangelio de acero a los desgraciados

que hacen girar las ruedas y fijan los tornillos.

 

Oímos levantarse el viento secreto tras el cerebro,

la voz secreta nos grita en los oídos,

el evangelio urbano clama al cielo.

Sobre la deidad eléctrica crece

un Dios, más poderoso que el sol.

Las ciudades no nos robaron los ojos.

 

(Trad. de Andrés Catalán


Dylan Thomas



martes, 14 de julio de 2026

Soy el hombre sin brazos del circo.

 

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Rome, ca. 1959 - by William Klein (1928 - 2022),

En julio, este es un diario inútil de versos y besos no dados, de ansiedad y absurdas notas a pie de página explicando lo inexplicable, estar aquí, fluir de bestias nocturnas mientras escribo, ejercicio tenaz y solitario, un abnegado movimientos de zanjas que se abren y cierran, no queda nada excepto un campo agujereado, yermo, paisaje lunar sin luna, alguien, a veces, leyéndome las líneas de la palma de la mano ¿leyéndome?

lunes, 13 de julio de 2026

Invenciones.

 

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Morning in the Garden at Vaucresson, by Edouard Vuillard


Nado en la penumbra de los libros muertos.
Pero, con todo, con todo, esperaba  de ti algo más cálido, más cercano, más humano, una complicidad emocional, no sé.
En fin, somos como somos, tú y yo.
Ni mejores ni peores, diferentes, quizás antagónicos.
Desato el compromiso y me deslizo en tenues palabras que invento cuando te invento.

domingo, 12 de julio de 2026

Abstinencia.

 

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Isidore-Alexandre-Augustin Pils (French 1815-1875) Portrait de l'artiste, 1853

Estoy equivocado, estoy lleno de palabras, dicen. 
Dices que no te convengo, seguro que es cierto.
Estoy prisionero en el ardor, en el respeto.
Aprendo el contraste entre la risa y los versos plañideros.
Me busco en el silencio y la abstinencia.


sábado, 11 de julio de 2026

Juramentos.

 

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Ig-blkeye11

Nos duele el cálculo y la niebla.
La que era, más lo que la vida nos ha ido trayendo hace que sea una incógnita, para mí. Ella. 
Respeto, como no,  que sea como quiera ser.
Hago juramentos sobre la sangre y la duda.

viernes, 10 de julio de 2026

Con seguridad

 

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"𝐓𝐡𝐞 𝐒𝐰𝐢𝐦𝐦𝐢𝐧𝐠 𝐏𝐨𝐨𝐥" 𝐈𝐧 𝐊𝐚𝐧𝐚𝐳𝐚𝐰𝐚, 𝐉𝐚𝐩𝐚𝐧, 𝐁𝐲 𝐀𝐫𝐭𝐢𝐬𝐭 Leandro Erlich -

Hiere la distancia y el remordimiento.
Seguro que ella tiene razón en sus pensamientos, planteamientos, acciones, abstenciones, forma de pensar, actuar o quedarse quieta.
Se llena mi cama  de cristales sin azogue.

Debes romper las promesas y las lágrimas.

¿Estás seguro?

Sí.

jueves, 9 de julio de 2026

Barakah

 


La piedra de la locura

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He terminado este ensayo, breve, sobre el caos, la locura y yo qué sé. Si quieren saber más sobre este libro les sugiero que recurran a las críticas que dejó en comentarios porque servidor de ustedes no está ahora para comerse el tarro por diferentes razones que no quisiera tener que explicar, no por nada sino por todo. El caos, que gracia, ya le contaría yo a Labatut dónde está ahora mi caos de tres años y nueve meses y que no está uno para dispersarse en locuras porque debo estar muy cuerdo cada minuto, atento, dispuesto, amoroso y olé. Sin más, oye. (Minimosca, de Faverón, ahí si estoy disfrutando).




Digo esto por decir algo


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Disfrutando de los días impares, intentándolo los pares,  no es momento de inventarios apresurados, es tiempo de sumar, de dar testimonio de (lamento que no haya más), del tiempo de color reacio a las alas plegadas, a la mantilla negra sobre la cabeza, a las puertas cerradas con estrépito, hoy toca viento, oleaje, marejada, los pensamientos conspiran como en un extraño sueño y el jueves está inundado de espuma y algas, los paraísos tienen fecha de caducidad pero ahora all I really want to do, is, baby, be friends with you que cantaba Dylan (y the Byrds) y que está entre la música que me suena en la nuca, que cambio con frecuencia  sin saber siquiera si alguien la escucha o la siente o la delicia de vibrar con cada nota,  canciones que me sumergen en recuerdos hermosos, el conocimiento de la vida, esta, papeles con cifras extravagantes, el lienzo donde está pintado el futuro, hoy, mañana, ayer, nunca, no hay refugio donde esconderse de lo que vendrá, los negros augurios de la jauría de gentes insaciables, sin alma, no, no quiero saber nada de todo eso mientras me rodea la languidez de las tardes tan largas, las noches lentas, el amor a cualquier hora, no quiero escribir más (hoy) digo  esto por decir algo, yo qué sé, wish you were here.    

miércoles, 8 de julio de 2026

Charles Baudelaire

 

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Todos entienden sin dificultades que si los hombres encargados de expresar lo bello se adaptaran a las reglas de los profesores diplomados, lo bello desaparecería de la tierra, ya que todos los tipos, todas las ideas, todas las sensaciones se confundirían en una vasta unidad, monótona e impersonal, inmensa como el aburrimiento y la nada. La variedad, condición sine qua non de la vida, quedaría borrada de la tierra. ¡A tal punto es cierto esto, que en las múltiples producciones del arte hay algo siempre nuevo que escapará eternamente a la regla y a los análisis de la escuela! El asombro, que es uno de los grandes goces provocados por el arte y de la literatura, forma parte de esa variedad misma de los tipos y sensaciones. El profesor diplomado, especie de mandarín tirano, me hace siempre el efecto de un impío que sustituye a Dios.

Charles Baudelaire
Sacado de Antología de escritos sobre arte
de Paul Éluard

martes, 7 de julio de 2026

Ella es el poema

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Pongo las manos sobre la mesa, las palmas hacia abajo, de ellas brotan sonidos repetidos, una aburrida canción de sueños rotos, voces irritantes desde el mostrador donde se acodan los borrachos del pueblo. Tengo una medusa dentro de la cabeza, apenas razono, siento.

Ella no necesita versos ni huecos cantos de pájaros, la voz acaricia cada instante de su disfrute, vivir a su lado es brillar. Generosa, tolera mis juegos de inventar sombras, no se inmuta, me mira desde una torre de optimismo, tolera mis idas y venidas con la distancia de lo más cercano, de lo íntimo. Ajena, sabe, de ese conocimiento fluye lo cotidiano, el aire, el camino que compartimos, la luz.

(Esto no lo había dicho. Construyo aquí un horizonte paralelo del que creo sólo lo increíble. Dibujo el viento y bebo el rocío, camino sobre líneas torcidas y duermo en una esquina de lo irreal. Sueño)


Ella
es el poema.

lunes, 6 de julio de 2026

El poema se obstina

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Kees Scherer • Along the Seine, 1950

Regresa al paraíso inverosímil de la habitación más suya, allí donde se escondía de los símbolos opacos y las realidades, de las miradas y las metáforas, de los sueños ahogados que flotaban en la marea perezosa y sucia del no olvido.

Armarios cerrados. Ventanas abiertas. Pasado tenaz. Lluvia de años. Devoción por la belleza. Acuarelas de sueños sensibles. Huellas en el barro. Vitral del tránsito. Lección de rencores.

(Vuelta al ayer. Quizás el hoy es el que miente. O todo esto es un truco, un juego de manos. Es un saltimbanqui de emociones que se esconde tras el embozo de aquello que domina, la nostalgia).


El poema se obstina y rasga la blancura. 

domingo, 5 de julio de 2026

Ahí, el poema.

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Brassaï • Lovers at Gare Saint-Lazare. Paris, 1937

Pone las manos sobre la mesa, las palmas hacia arriba, le brotan petirrojos en círculos, colibrís y zorzales que silban y gorjean, melodía de pájaros en celo, cantos y vuelos antes del encuentro. 

Siempre ella detrás del poema, inspirándolo, llevándolo en la punta de los dedos, esparciéndolo sobre recuerdos que no se marchitan, momentos perennes, cuadros animados en las noches largas de no dormir, carrusel que gira y le marea, obstinación absurda.

(Esto ya lo ha escrito. Algo parecido. Es mentira. Aunque se desgarre la voz. Emborrona los papeles. Abre los dedos y se escapa el agua en versos poco lúcidos).


Pero,
ahí,
el poema.

sábado, 4 de julio de 2026

Antonio Scurati

 

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Con “El fin y el principio” el quinto tomo de Antonio Scurati sobre la figura de Mussolini y esa época de la historia de Italia, termina una apasionante obra literaria que he disfrutado durante varios años. 

He leído con placer y curiosidad pasajes que desconocía, he aprendido, he sufrido con momentos dolorosos de muerte y destrucción, he entendido mejor de dónde vienen situaciones actuales y también, he llegado a sentirme muy cerca de tantos hombres y mujeres a los que tocó aquella larga época, cruel, terrible, de injusticia, de represión, de caos. 

En mi opinión es un trabajo colosal sobre una figura que, me doy cuenta, interesa ya a muy pocos. A mí me ha apasionado. 

viernes, 3 de julio de 2026

A nadie.

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Brooklyn, New York, Photo by Leonard Freed, 1963

Este julio puedo seguir con mis historias y aburriros pero me detengo, alto, solo añado que hoy escribo con mordaza, que me ato los pulgares con alambres para no sacarme el corazón y dejarlo ahí, impúdico, chorreando sangre del ventrículo taponado por malezas sentimentales, figura impactante, higroscopio de un monje que señala con su vara el mal tiempo, los granizos, si no se le ve el gorro es que hay niebla, elemental interpretación de lo real, vivac en medio de la avanzada hasta la tragedia, esperar el regreso y no hay ejercito retirándose en polvorosa, ni siquiera un soldado con un anhelo cosido al pecho a quién responsabilizar de todos mis muertos emocionales, de tanta maquinaria de guerra encallada en el limo de la nostalgia, en el fango empecinado y maloliente de recordar lo irrecordable, una pasión inútil –ya, ja- insistencia dolorosa y al final esto es un lamento a la luz de la neomenia, nadie escucha -eo, eo, ¿hay alguien?- el augur señala con su lituo, nadie le corrige. Me subo a la manada de lobos y los conduzco hasta la próxima caricatura, mañana, que me estoy cansando de los cazadores furtivos de palabras y figuras, de ser leído como quién mira un zootropo, de trabajar tanto en esta zanja diaria que un día me acuesto dentro y que me entierre el siguiente -no es una amenaza, es un ruego-, la 55 y su cuerpo de arpa, la japonesa, la hechicera, la gloriosa señora de ayer (una de las tres) o tú que lees.

Tocan en el cristal de mi ventana y no abro.
A nadie.

jueves, 2 de julio de 2026

Sal con una chica que lee .

 

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Édouard Manet (French, 1832–1883)

Sal con una chica que lee .

 
Sal con alguien que se gasta todo su dinero en libros y no en ropa, y que tiene problemas de espacio en el clóset porque ha comprado demasiados. Invita a salir a una chica que tiene una lista de libros por leer y que desde los doce años ha tenido una tarjeta de suscripción a una biblioteca.

Encuentra una chica que lee. Sabrás que es una ávida lectora porque en su maleta siempre llevará un libro que aún no ha comenzado a leer. Es la que siempre mira amorosamente los estantes de las librerías, la que grita en silencio cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves a esa chica un tanto extraña oliendo las páginas de un libro viejo en una librería de segunda mano? Es la lectora. Nunca puede resistirse a oler las páginas de un libro, y más si están amarillas.

Es la chica que está sentada en el café del final de la calle, leyendo mientras espera. Si le echas una mirada a su taza, la crema deslactosada ha adquirido una textura un tanto natosa y flota encima del café porque ella está absorta en la lectura, perdida en el mundo que el autor ha creado. Siéntate a su lado. Es posible que te eche una mirada llena de indignación porque la mayoría de las lectoras odian ser interrumpidas. Pregúntale si le ha gustado el libro que tiene entre las manos.

Invítala a otra taza de café y dile qué opinas de Murakami. Averigua si fue capaz de terminar el primer capítulo de Fellowship y sé consciente de que si te dice que entendió el Ulises de Joyce lo hace solo para parecer inteligente. Pregúntale si le encanta Alicia o si quisiera ser ella.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros en su cumpleaños, de Navidad y en cada aniversario. Dale un regalo de palabras, bien sea en poesía o en una canción. Dale a Neruda, a Pound, a Sexton, a Cummings y hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Comprende que ella es consciente de la diferencia entre realidad y ficción pero que de todas maneras va a buscar que su vida se asemeje a su libro favorito. No será culpa tuya si lo hace.

Por lo menos tiene que intentarlo.
Miéntele, si entiende de sintaxis también comprenderá tu necesidad de mentirle. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivación, valor, matiz, diálogo; no será el fin del mundo.

Fállale. La lectora sabe que el fracaso lleva al clímax y que todo tiene un final, pero también entiende que siempre existe la posibilidad de escribirle una segunda parte a la historia y que se puede volver a empezar una y otra vez y aun así seguir siendo el héroe. También es consciente de que durante la vida habrá que toparse con uno o dos villanos.

¿Por qué tener miedo de lo que no eres? Las chicas que leen saben que las personas maduran, lo mismo que los personajes de un cuento o una novela, excepción hecha de los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Si te llegas a encontrar una chica que lee mantenla cerca, y cuando a las dos de la mañana la pilles llorando y abrazando el libro contra su pecho, prepárale una taza de té y consiéntela. Es probable que la pierdas durante un par de horas pero siempre va a regresar a ti. Hablará de los protagonistas del libro como si fueran reales y es que, por un tiempo, siempre lo son.

Le propondrás matrimonio durante un viaje en globo o en medio de un concierto de rock, o quizás formularás la pregunta por absoluta casualidad la próxima vez que se enferme; puede que hasta sea por Skype.

Sonreirás con tal fuerza que te preguntarás por qué tu corazón no ha estallado todavía haciendo que la sangre ruede por tu pecho. Escribirás la historia de ustedes, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más raros. Ella les leerá a tus hijos The Cat in the Hat y Aslan, e incluso puede que lo haga el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella recitará los poemas de Keats en un susurro mientras tú sacudes la nieve de tus botas.

Sal con una chica que lee porque te lo mereces. Te mereces una mujer capaz de darte la vida más colorida que puedas imaginar. Si solo tienes para darle monotonía, horas trilladas y propuestas a medio cocinar, te vendrá mejor estar solo. Pero si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, invita a salir a una chica que lee.

O mejor aún, a una que escriba.

Por Rosemary Urquico

miércoles, 1 de julio de 2026

Sal con una chica que no lee.

 

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Sal con una chica que no lee.
Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.
Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.
Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.
Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares –la vacilación en la respiración– que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo continuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, el que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.
Por Charles Warnke.

 

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