Por piezas (3)
Rebecca Aldernet
Pieza 3, amarilla con rayas azules.
¿Qué fue del ayer con las oportunidades perdidas y el oro del amor enterrado?
Rebecca Aldernet
Pieza 3, amarilla con rayas azules.
Rebecca Aldernet
Pues eso,
esto es diverso, que entre ponte bien y estate quieto no encuentro la fórmula
para decir lo que no quiero decir, enseñarme, asomar, sacar los escarabajos del
alma (Según San Agustín el alma del hombre es una sustancia activa y fue creada
para el cuerpo del hombre, y ahí está apresada), este continuar entre vacaciones,
que se acaban o empiezan, según, que sigue esta afición al noble arte del
decir, en mi caso poco artístico, bastante artrítico (La artritis es una
enfermedad degenerativa de las articulaciones consistente en la inflamación o
desgaste de una articulación. Puede darse tras una lesión cuya cura no terminó
como debería, por el acumulamiento excesivo de ejercicio en las articulaciones,
u otras causas. Su riesgo, dependiendo de lo desarrollada que esté, puede
llegar a ser muy grave, llegando a inmovilizar completamente la articulación en
la que se presente. En algunos casos, se extiende a todas las articulaciones e
impide una vida normal y la posterior discapacidad de movimiento en todo el
cuerpo. Si la artritis no está muy avanzada, puede tratarse con tratamientos
especializados y sesiones de terapia. La Osteoartritis como la Artritis
reumatoide precisan tratamientos diferentes bajo la supervisión de un
reumatólogo.) Es decir, eso, esto, diverso.
Casi en la incendiaria víspera
de varias muertes cercanas,
cuando lo menos uno de tus más amados
y conocidos de siempre tenga que abandonar
los leones y las llamas de su aliento aéreo,
de tus amigos inmortales
quién levantará los órganos del escrutado polvo
para emitir y cantar tu alabanza,
aquel que llamó de lo más hondo guardará silencio,
uno que no puede ahogar o interrumpir
eternamente ante su herida
en el enajenante dolor de tantos casados de Londres.
Casi en la incendiaria víspera
cuando ante tus labios y tus teclas,
que se cierran, que se abren, se tambaleen las extrañas víctimas,
aquella que es la más desconocida,
tu vecina estrella polar, sol de otra calle,
caerá en picado hasta las lágrimas.
Lavará su sangre derramada en el mar viril
que holló por tus muertos
y tejerá su globo con tu hilo de agua
y llenará la garganta de los proyectiles
con todos los gritos desde que la luz
por primera vez destellara en sus ojos tronantes.
Casi en la incendiaria víspera
de muertes y de entradas,
cuando cercanas y extrañas víctimas en las oleadas de Londres
hayan buscado tu tumba solitaria,
un enemigo, de muchos, que bien sabe
que tu corazón es luminoso
en la vigilada oscuridad, temblando en cerraduras y cuevas,
atraerá los relámpagos
para apagar el sol, caer, montar tus teclas oscurecidas
y alejar solamente a los jinetes chamuscados,
hasta que ese al que menos amaste
aceche al último Sansón de tu zodiaco.
(trad. Andrés Catalán)
Vemos levantarse el viento secreto tras el cerebro,
la esfinge de luz posarse en los ojos,
el código de los astros traducirse en el cielo.
Una noche secreta desciende entre
el cráneo, las células, las plegables orejas
sosteniendo eternamente la luna muerta.
Un grito sube al cielo como un cohete,
calamidad del populacho de los ciegos
decoradores de la frente de la ciudad,
doradores de calles, las manos del populacho
aplauden a la atareada hermandad
de la vara y la rueda que resucita a los muertos.
Una deidad urbana, movida por turbinas, esculpida de acero,
relumbra en las calles eléctricas;
un salvador urbano, en el huerto
de farolas y frutas de altos voltios,
pronuncia un evangelio de acero a los desgraciados
que hacen girar las ruedas y fijan los tornillos.
Oímos levantarse el viento secreto tras el cerebro,
la voz secreta nos grita en los oídos,
el evangelio urbano clama al cielo.
Sobre la deidad eléctrica crece
un Dios, más poderoso que el sol.
Las ciudades no nos robaron los ojos.
(Trad. de Andrés Catalán)
Rome, ca. 1959 - by William Klein (1928 - 2022),
En julio, este es un diario inútil de versos y besos no dados, de ansiedad y absurdas notas a pie de página explicando lo inexplicable, estar aquí, fluir de bestias nocturnas mientras escribo, ejercicio tenaz y solitario, un abnegado movimientos de zanjas que se abren y cierran, no queda nada excepto un campo agujereado, yermo, paisaje lunar sin luna, alguien, a veces, leyéndome las líneas de la palma de la mano ¿leyéndome?
Morning in the Garden at Vaucresson, by Edouard Vuillard
Ig-blkeye11
He terminado este ensayo, breve, sobre el caos, la locura y yo qué sé. Si quieren saber más sobre este libro les sugiero que recurran a las críticas que dejó en comentarios porque servidor de ustedes no está ahora para comerse el tarro por diferentes razones que no quisiera tener que explicar, no por nada sino por todo. El caos, que gracia, ya le contaría yo a Labatut dónde está ahora mi caos de tres años y nueve meses y que no está uno para dispersarse en locuras porque debo estar muy cuerdo cada minuto, atento, dispuesto, amoroso y olé. Sin más, oye. (Minimosca, de Faverón, ahí si estoy disfrutando).
Disfrutando de los días impares, intentándolo los pares, no es momento de inventarios apresurados, es tiempo de sumar, de dar testimonio de (lamento que no haya más), del tiempo de color reacio a las alas plegadas, a la mantilla negra sobre la cabeza, a las puertas cerradas con estrépito, hoy toca viento, oleaje, marejada, los pensamientos conspiran como en un extraño sueño y el jueves está inundado de espuma y algas, los paraísos tienen fecha de caducidad pero ahora all I really want to do, is, baby, be friends with you que cantaba Dylan (y the Byrds) y que está entre la música que me suena en la nuca, que cambio con frecuencia sin saber siquiera si alguien la escucha o la siente o la delicia de vibrar con cada nota, canciones que me sumergen en recuerdos hermosos, el conocimiento de la vida, esta, papeles con cifras extravagantes, el lienzo donde está pintado el futuro, hoy, mañana, ayer, nunca, no hay refugio donde esconderse de lo que vendrá, los negros augurios de la jauría de gentes insaciables, sin alma, no, no quiero saber nada de todo eso mientras me rodea la languidez de las tardes tan largas, las noches lentas, el amor a cualquier hora, no quiero escribir más (hoy) digo esto por decir algo, yo qué sé, wish you were here.
Todos entienden sin dificultades que si los hombres encargados de expresar lo bello se adaptaran a las reglas de los profesores diplomados, lo bello desaparecería de la tierra, ya que todos los tipos, todas las ideas, todas las sensaciones se confundirían en una vasta unidad, monótona e impersonal, inmensa como el aburrimiento y la nada. La variedad, condición sine qua non de la vida, quedaría borrada de la tierra. ¡A tal punto es cierto esto, que en las múltiples producciones del arte hay algo siempre nuevo que escapará eternamente a la regla y a los análisis de la escuela! El asombro, que es uno de los grandes goces provocados por el arte y de la literatura, forma parte de esa variedad misma de los tipos y sensaciones. El profesor diplomado, especie de mandarín tirano, me hace siempre el efecto de un impío que sustituye a Dios.
Charles Baudelaire
Sacado de Antología de escritos sobre arte
de Paul Éluard
Pongo las manos sobre la mesa, las palmas hacia abajo, de ellas brotan sonidos repetidos, una aburrida canción de sueños rotos, voces irritantes desde el mostrador donde se acodan los borrachos del pueblo. Tengo una medusa dentro de la cabeza, apenas razono, siento.
Kees Scherer • Along the Seine, 1950
Regresa al paraíso inverosímil de la habitación más suya, allí donde se escondía de los símbolos opacos y las realidades, de las miradas y las metáforas, de los sueños ahogados que flotaban en la marea perezosa y sucia del no olvido.
Brassaï • Lovers at Gare Saint-Lazare. Paris, 1937
Pone las manos sobre la mesa, las palmas hacia arriba, le brotan petirrojos en círculos, colibrís y zorzales que silban y gorjean, melodía de pájaros en celo, cantos y vuelos antes del encuentro.
Con “El fin y el principio” el quinto tomo de Antonio Scurati sobre la figura de Mussolini y esa época de la historia de Italia, termina una apasionante obra literaria que he disfrutado durante varios años.
He leído con placer y curiosidad pasajes que desconocía, he aprendido, he sufrido con momentos dolorosos de muerte y destrucción, he entendido mejor de dónde vienen situaciones actuales y también, he llegado a sentirme muy cerca de tantos hombres y mujeres a los que tocó aquella larga época, cruel, terrible, de injusticia, de represión, de caos.
En mi opinión es un trabajo colosal sobre una figura que, me doy cuenta, interesa ya a muy pocos. A mí me ha apasionado.
Brooklyn, New York, Photo by Leonard Freed, 1963
Este julio puedo seguir con mis historias y aburriros pero me detengo, alto, solo añado que hoy escribo con mordaza, que me ato los pulgares con alambres para no sacarme el corazón y dejarlo ahí, impúdico, chorreando sangre del ventrículo taponado por malezas sentimentales, figura impactante, higroscopio de un monje que señala con su vara el mal tiempo, los granizos, si no se le ve el gorro es que hay niebla, elemental interpretación de lo real, vivac en medio de la avanzada hasta la tragedia, esperar el regreso y no hay ejercito retirándose en polvorosa, ni siquiera un soldado con un anhelo cosido al pecho a quién responsabilizar de todos mis muertos emocionales, de tanta maquinaria de guerra encallada en el limo de la nostalgia, en el fango empecinado y maloliente de recordar lo irrecordable, una pasión inútil –ya, ja- insistencia dolorosa y al final esto es un lamento a la luz de la neomenia, nadie escucha -eo, eo, ¿hay alguien?- el augur señala con su lituo, nadie le corrige. Me subo a la manada de lobos y los conduzco hasta la próxima caricatura, mañana, que me estoy cansando de los cazadores furtivos de palabras y figuras, de ser leído como quién mira un zootropo, de trabajar tanto en esta zanja diaria que un día me acuesto dentro y que me entierre el siguiente -no es una amenaza, es un ruego-, la 55 y su cuerpo de arpa, la japonesa, la hechicera, la gloriosa señora de ayer (una de las tres) o tú que lees.