La viuda corrió a guardar los presentes en el armario de la cocina. El señor Pauli y el comandante se echaban el humo el uno al otro amistosamente a su cara. Y yo estaba ahí, dándole vueltas a la cabeza, meditabunda.
El 8 de mayo de 2025, en el capítulo 193 titulado “La geopolítica de la Alemania nazi” del podcast “No es el fin del mundo” referenciaron este libro. Por primera vez, tire atrás el podcast, tome nota, y lo pedía la nueva librería del barrio, malaletra, que me lo sirvieron en un abrir y cerrar de ojos.
Me ha interesado la historia, y por tanto su dimensión militar también, desde la adolescencia. Momento percutor fue cuando mi amigo Jordi me pasó en la cafetería de la facultad el libro de Paul Preston sobre la Guerra Civil Española. Él, como yo, sabía que no nos habían contado la Guerra Civil por algo, y que nos tocaba aprenderlo por nuestra cuenta. Pero esta es la historia, otra historia, y no me quiero desviar más.
Volvamos a 1945 Berlín, las tropas rusas buscando llegar antes del 1 de mayo esprintan a cañonazos y haciendo huecos en las paredes de los pisos. Cosas de la guerra de entonces que Antony Beevor ha explicado en sus libros. Sobre nuestra autora, la que escribe este diario, en el epílogo C. W. Ceram / Kurt W. Marek empieza diciendo:
La autora, una alemana de treinta y pocos años por aquel entonces empezó a escribir el 20 de abril de 1945 un diario que constituye un terrible testimonio.
La vivencia en el refugio, cada vez más horas al día es desoladora una batalla atroz, la batalla de Berlín les está pasando por encima y por dentro como una tormenta que no cesa:
Nuestro idioma alemán no se equivoca cuando hace que se parezcan como hermanas las palabras beten, orar, y betteln mendigar. Hubo épocas en que la figura del mendigo formaba parte del paisaje de las puertas de las iglesias, como el picaporte; su presencia estaba, por decirlo así, legitimada por la gracia a de Dios, como la del rey, de manera que éste tenía su extremo opuesto en la tierra, y el orante y el mendicante-Dios tenía alguien frente al cual podía ejercer la función de Dios-donante. Dicho lo cual sigo sin haber resuelto la cuestión de si el sollozo en el refugio a oscuras fue o no fue un rezo. Una cosa es segura: que es una suerte y un alivio poder rezar de manera sencilla y sin sentir vergüenza, bajo el tormento inmenso de nuestra desgracia y nuestro miedo. Yo no puedo…, todavía me resisto
Lo de que los hombres violen a mujeres, fue una práctica demasiado habitual por parte de las tropas rusas hacia las mujeres alemanas:
¿Qué significa violación? Cuando escuche esa palabra en voz alta el viernes en el refugio, me recorrió un escalofrío por toda la espalda. Ahora ya puedo pensar en significado, la puedo escribir, aunque me tiemblen las manos. La pronuncio para mí, para acostumbrarme a su sonido. Suena en lo más extremo imaginable, pero no lo es, sin embargo.
En un contexto de hambre y violaciones sistemáticas nuestra autora busca establecer una relación con un oficial ruso como un mal menor que solucionan dos grandes males.
Esta más claro que el agua: aquí falta un lobo que me defienda de los demás lobos. Un oficial, del más alto rango, comandante, general, lo que pueda pillar.
Y nuestra autora, es una mujer que había aprendido algo de ruso, un hecho diferencial que jugará a su favor y a favor de la comunidad de personas con las que convive:
A veces reflexiono sobre sobre si es una suerte o una desgracia para mí saber que hablo ruso. Por una parte, me da una seguridad que los demás me falta. Lo que para ellos son bastos sonidos animales, gritos inhumanos, para mi es un lenguaje humano… el lenguaje melódico y bien estructurado de un Pushkin o un Tolstói.
En el epílogo C. W. Ceram / Kurt W. Marek nos describe la autora con una pretendida vaguedad:
Conozco la autora desde hace muchos años. Procede de una casa burguesa, una condición que hace cincuenta años le habría conducido a una chica joven al matrimonio y nada más. Recibió una exquisita educación y pronto reveló aptitudes que le permitieron una temprana emancipación. Dibujando, fotografiando y estudiando recorrió Europa de punta a punta, tanto de norte a sur como de este a oeste.
Ahora recuerdo a Gerald Brenan, el joven y muy bien educado inglés que se instaló en la alpujarra de Granada, buscando paz tras la barbarie de la primera guerra mundial, desde donde escribió otro libro proscrito: El laberinto español.
Personas que narraron lo que estaban viviendo porque entendieron, en el caso de nuestra autora, que era la única forma para no enloquecer, y el caso de los dos porque supieron que estaban viviendo un momento histórico. Cuanta falta hacen estas personas para que tengan fe en escribir además de sobrevivir. Santiago, publicó en la revista de la Asociación Española de Terapia Gestalt un artículo sobre su proceso psicológico con el cáncer, y confirmó ese poder de la escritura, el de transitar la locura sin enloquecer del todo.
Fecha de la lectura: 31 de mayo 2025
Título: Una mujer en Berlín
Autora: Anónima
Editorial: Anagrama