Con Jordi Wild, sobre casi todo (jóvenes, viejos y videojuegos incluidos). Son dos horas y media, así que tómenlo con calma.
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Me ha gustado hoy el rey: templado y valiente, aguantando y dando la cara mientras Sánchez se largaba y a Mazón, como es bajito, no se le veía. Lo que no comprendo es cómo se ha presentado allí acompañado de esa gentuza.
Chicos y chicas valientes mueren otra vez, combatiendo solos y sin esperanza ante profesionales de la guerra. Europa es una piltrafa y Putin lo sabe. En unas semanas, quienes hoy lo critican negociarán sobre hechos consumados. "Hemos conseguido la paz", dirán. Y hasta la próxima.
El problema no es que alguien con poder sobre vidas y economías mienta. Todos lo hacen, tarde o temprano. El problema, grave, es cuando a demasiada gente no le importa en absoluto que les mientan.
Viendo anoche los Goya, pensaba que a mí también me gustaría que el Estado subvencionara a los editores, a los libreros, a los escritores e incluso a los lectores. Y también, de paso, a la media docena de sobrinos que tengo trabajando en el extranjero.
Que se disculpe él, que tiene apellidos españoles y vive allí. Si este individuo se cree de verdad lo que dice, es un imbécil. Si no se lo cree, es un sinvergüenza.
El aborto es un derecho de las mujeres, sobre el que deben decidir las mujeres. Ésa es mi opinión. Si fuésemos los hombres quienes nos quedásemos preñados, estoy seguro de que poco se discutiría.
Antes, a la guerra iban los hombres. Ahora, mujeres médicos, militares, policías, enfermeras, limpiadoras, cajeras, reponedoras, reporteras... A esta guerra también van las mujeres, son muchas y tienen muchas bajas. Juntos e iguales en lo malo, recordémoslo cuando esto acabe.
Acaba uno harto de que la historia de España, con tantas luces y sombras como la de cualquier otro país, se haya convertido en el tiro al blanco de todos los demagogos, oportunistas y golfos de dentro y de fuera. Ya parece un concurso para ver quién escupe más fuerte y más lejos.
Viendo en la tele el espectáculo de las tomas de posesión hoy de los diputados, me pregunto cómo hemos sido capaces los españoles de concentrar allí dentro, en tan pocos metros, a tantísima gentuza de tan variopinto pelaje. Porque no era fácil, no. La cosa tiene su mérito.
No creía necesario expresar lo evidente, pero me lo piden: Cuba es una dictadura, no una democracia. Y quien defienda al régimen cubano, sea español o hispanoamericano, demuestra tener muchos intereses turbios, mucha ranciedad política y muy poca vergüenza. ¿Qué más puedo decir?
Si todavía fuera el reportero que fui, dedicaría una temporada a investigar a fondo el papel que el omnipresente Rodríguez Zapatero hace y lleva haciendo desde hace mucho tiempo en Venezuela. Pero sólo soy uno que escribe novelas. Que de eso se ocupen otros.
Para el archivo. Cuando un guiri me pregunte que significa la expresión española "tener cojones", le enseñaré esta foto de los diez hombres y mujeres de Leiza, Navarra: un pueblo de 3.000 habitantes donde la mitad vota a Bildu.