En estas fechas hace dos a�os, la ciudad de Uruapan, en Michoac�n, salt� a los titulares. Las razones no eran las lluvias desbordadas o el impacto de alg�n terremoto, sino un incidente macabro en el bar "Sol y Sombra" de esa ciudad.
El narcotr�fico es m�s que un simple sector en una econom�a il�cita, se�ala Serrano.
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De manera tan ins�lita como inesperada, las cabezas de cinco hombres decapitados fueron lanzadas a la pista de baile.
Hasta esa noche, este bar, ubicado en la carretera Uruapan-P�tzcuaro en la colonia Bella Vista, ofrec�a servicio de "table dance" y se llenaba de forma habitual.
Michoac�n, como su vecino Guerrero, son dos estados que han sido marcados por la violencia asociada al narcotr�fico.
Si bien durante d�cadas ambos estados han figurado en la geograf�a de la econom�a de las drogas il�citas en M�xico, la p�gina roja del narcotr�fico en estas zonas coincide con el desv�o de las rutas de coca�na a territorio mexicano, y m�s concretamente al Oc�ano Pac�fico.
Michoac�n y Guerrero tienen una larga franja litoral sobre el Pac�fico.
En efecto, bordeando el lindero entre ambos estados se encuentra L�zaro C�rdenas, el puerto m�s din�mico del Pac�fico mexicano -punto de entrada y salida de mercanc�as con un movimiento cada vez m�s intenso, que en menos de una d�cada, en el per�odo 1999-2008, pasa de 4.475 a 197.149 contenedores al a�o.
Al transitar las carreteras de la regi�n, el viajero se topa con los signos m�s ostensibles del "boom" de una econom�a il�cita cada vez m�s violenta.
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El narcotr�fico es mucho m�s que un simple sector en una econom�a il�cita. Es a la vez un accionista de muchas de las actividades "empresariales" antes descritas, y es tambi�n un agente multiplicador de espacios de impunidad
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Al recorrer con la mirada el filo de la ruta, cerca de la salida o la entrada de los poblados aparecen las discotecas obligadas, los lotes de venta de autos usados que aparecen y desparecen como por arte de magia, moteles que anuncian una promoci�n especial de $100 a 150 pesos (unos US$10 a US$15) la renta de habitaci�n por tres horas y desde luego, tambi�n, el servicio funerario disponible las 24 horas.
En M�xico, como en tantos otros pa�ses, el narcotr�fico es una de las muchas actividades que forman parte del crimen empresarial ilegal.
De una econom�a en la que los bienes y servicios que se intercambian son ilegales -ya sea por su propia naturaleza o en virtud de los medios que se utilizan-, pero en la que tambi�n encontramos una buena dosis de consentimiento.
Pero el narcotr�fico es mucho m�s que un simple sector en una econom�a il�cita. Es a la vez un accionista de muchas de las actividades "empresariales" antes descritas, y es tambi�n un agente multiplicador de espacios de impunidad.
La era de la coca�na
En la historia del narcotr�fico en M�xico podemos advertir dos grandes etapas.
La primera se inaugura con la progresiva aprobaci�n y ejecuci�n de la legislaci�n prohibicionista para el consumo, producci�n y venta de narc�ticos en Estados Unidos y su posterior adopci�n en M�xico.
La puesta en marcha de esta legislaci�n en Estados Unidos ofreci� una ventana de oportunidad a quienes estuvieron dispuestos a lucrar con la venta de sustancias alcoh�licas y narc�ticas al otro lado de la frontera.
El repentino aumento en el flujo de turistas que cruzaron la frontera en busca de estos productos -de 14.130 personas en 1919 a 418.735 un a�o despu�s- provey� las bases para el surgimiento de una peque�a pero pujante econom�a il�cita.
Michoac�n y Guerrero son dos estados marcados por la violencia vinculada al narcotr�fico.
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En los a�os que van de la d�cada de los 20 a finales de los a�os 50 surge pues una econom�a il�cita peque�a, organizada alrededor del cultivo y tr�fico de dos plantas, la marihuana y la amapola, relativamente pac�fica y contenida geogr�ficamente.
Pero luego, a finales de los a�os 70 y comienzos de los 80, el entramado de una nueva econom�a il�cita organizada en torno al tr�fico de coca�na se hace patente.
El desv�o del 60% del polvo blanco destinado al mercado estadounidense a territorio mexicano marca el cambio de una etapa a la siguiente, as� como el surgimiento de una cada vez m�s pujante y violenta econom�a de servicios y de tr�nsito.
Dos son quiz�s las explicaciones m�s comunes sobre la irrupci�n en M�xico de una econom�a il�cita de drogas cada vez m�s an�rquica y violenta.
La primera, acertadamente, atribuye la explosi�n de este mercado ca�tico y violento a la operaci�n Hat Tricks -una operaci�n militar con la que Washington busc� "sellar" Florida y evitar la entrada de coca�na por dicho estado- y al consecuente desv�o del flujo de coca�na destinada al mercado estadounidense del Caribe y la Florida a territorio mexicano.
La segunda pone el �nfasis en la apertura de oportunidades para el movimiento de mercanc�as il�citas asociada a la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio (TLC).
�Tierra de oportunidades?
En M�xico, como en muchos otros pa�ses en desarrollo, la presencia de mano de obra barata, la disponibilidad de tierra a bajos precios y la aplicaci�n intermitente de la ley hab�an ofrecido, durante d�cadas, ventajas comparativas para la producci�n y el trasiego de marihuana y opio.
Ciertas zonas de M�xico presentan una econom�a pujante - en algunos casos, por el dinero del narco.
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Sin embargo, la participaci�n de M�xico -como la de Colombia o Nigeria- en el circuito internacional del tr�fico de drogas il�citas ha sido tambi�n resultado de tres variables fundamentales: la geograf�a, la presencia de una a�eja tradici�n de contrabando, y la debilidad relativa de la autoridad central.
Aunque para finales de los a�os 80 las zonas tradicionales de cultivo se manten�an en pie, la organizaci�n geogr�fica del mercado se desvaneci�, y los carteles fueron dividiendo al pa�s y reparti�ndose el territorio.
En las nuevas condiciones, la ya de por s� reducida capacidad de hacer cumplir la ley se vio de tajo cercenada.
Al control precario de la nueva econom�a criminal habr�a que a�adir la ausencia de horizontes econ�micos para la poblaci�n.
Las presiones desatadas por la crisis de la deuda de la d�cada de los 80, y la persistente aton�a de la econom�a, fueron creando un sector de la poblaci�n sin empleo fijo.
Cuando llegaron los 90, el TLC pareci� abrir un resquicio para la recuperaci�n econ�mica. Sin embargo, a la vuelta de m�s de una d�cada sabemos que entre sus �xitos no figur� un aumento importante en el crecimiento econ�mico o el empleo.
En estas condiciones, el desempleo no fue s�lo el motor del flujo creciente de indocumentados, sino tambi�n de un sector que algunos llaman "informal" y, por consiguiente, de una reserva importante de mano de obra para la nueva econom�a il�cita de servicios para el tr�fico de coca�na.
En otras palabras, la participaci�n de la poblaci�n en las actividades il�citas no s�lo aument� de manera gradual y sostenida, sino que tambi�n se diversific�.
Si en las d�cadas anteriores el rasgo m�s caracter�stico de esta participaci�n hab�a sido la presencia de campesinos en los campos de cultivo de los estados productores -estimada en 1965 en unos 200 a 300 mil campesinos-, para 1980 la nueva econom�a il�cita no s�lo hab�a incorporado nuevas actividades, sino que requer�a del talento de las profesiones y del mundo de los negocios.
Se buscan profesionales
En la nueva, boyante y diversificada econom�a il�cita de los 90 -con sus ramificaciones en la industria del robo de autos, la prostituci�n y trata de personas, el secuestro y otras actividades- nos topamos por igual con la presencia de transportistas, cargadores, secretarias, contadores y administradores, pilotos, abogados o asesores financieros.
Al comenzar el siglo XXI, a estas "profesiones" habr�a que a�adir tambi�n las de vigilantes, sicarios y ej�rcitos privados que hoy ti�en de rojo las planas de los principales diarios.
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La presencia de mano de obra barata, la disponibilidad de tierra a bajos precios y la aplicaci�n intermitente de la ley hab�an ofrecido, durante d�cadas, ventajas comparativas para la producci�n y el trasiego de marihuana y opio
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Hace menos de cuatro d�cadas, los casos de M�xico y Turqu�a eran pregonados con bombo y platillo como un ejemplo de �xito y de voluntad pol�tica.
Al comenzar la d�cada de los 70, aunque por diferentes veredas, ambos pa�ses hab�an conseguido contener y reducir sus respectivas econom�as il�citas, y resolver con relativo �xito su problema de drogas.
Luego de estudiar cuidadosamente ambas experiencias, varios investigadores llegaron a una misma conclusi�n: el �xito hab�a sido posible gracias a la presencia de al menos tres ingredientes que hab�an coincidido de manera afortunada.
Tanto en M�xico como en Turqu�a, las pol�ticas de erradicaci�n y control de drogas fueron desplegadas en un contexto en el que el Estado no s�lo manten�a un f�rreo monopolio sobre la violencia, sino que ejerc�a tambi�n una s�lida autoridad central y disfrutaba de una relativa salud e independencia econ�mica.
En ambos pa�ses, la presencia de estos tres ingredientes hizo posible el �xito de sus respectivas campa�as.
Un panorama bien diferente, por cierto, al que hoy reportan los expertos en M�xico.
Cualquiera que en los �ltimos tres a�os haya hecho un recorrido de los aterradores titulares de la prensa mexicana no puede sino preguntarse por el monopolio de la fuerza organizada. �A�n podemos hablar de que �sta est� en manos del Estado?
La apertura pol�tica trajo consigo el debilitamiento del poder ejecutivo, hasta entonces pieza clave de la autoridad central del Estado, a lo que se a�ade la presencia de una econom�a d�bil, que por m�s de tres d�cadas no ha podido ofrecer oportunidades y alternativas a quienes forman parte de la poblaci�n econ�micamente activa, o a quienes quieren integrarse a ella.
El hecho de no tener disponibles �ndices o indicadores claros para medir con exactitud el problema no impide imaginar las razones por las que muchos mexicanos han optado por engrosar las filas de las econom�as informal e il�cita.
Limitaciones, dificultades e incertidumbre, que dan por resultado tr�fico, violencia y muerte. Por donde se lo mire, el saldo ha sido aterrador.
M�nica Serrano es profesora del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de M�xico y "Senior Research Associate" del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Oxford. Ha escrito sobre pol�tica mexicana, crimen transnacional y relaciones internacionales en Am�rica Latina.