I
Si Culiac�n de verdad est� en medio de una guerra, su inicio tiene fecha, hora y lugar precisos: la madrugada del 21 de enero de 2008, en la colonia Bur�cratas.
Ese d�a, unos cien efectivos de las fuerzas especiales detuvieron a
Alfredo "Mochomo" Beltr�n Leyva, uno de los capos del cartel de Sinaloa, el estado del cual Culiac�n es la capital.
La guerra -coinciden ex militares, pol�ticos y periodistas con los que habl�- se desat� porque el jefe principal del cartel, Joaqu�n "Chapo" Guzm�n, no acept� un plan de los hermanos del Mochomo para rescatarlo de la c�rcel.
Los muertos de lado y lado se cuentan por decenas, entre ellos un hijo del Chapo Guzm�n, asesinado por un comando armado en un centro comercial de la ciudad.
II
Culiac�n es la capital del estado de Sinaloa.
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�Qui�n soy yo para poner en duda si Culiac�n es escenario de una guerra o no? �Acaso casi diez a�os como periodista en
Medell�n, durante el apogeo y ca�da de Pablo Escobar, no me ense�aron que la guerra tiene muchas formas, que puede ser subrepticia pero igualmente mort�fera?
Sin embargo, no esperaba esto: una ciudad moderna pero tranquila. Con ritmo de urbe de tierra fr�a en medio de un calor sopor�fero.
Tampoco era lo que se esperaban los colegas, blogs y contactos en M�xico a los que consult� antes del viaje.
"No pares un taxi en la calle ni por equivocaci�n. Mejor ni lleves c�mara. �Ser� prudente grabar? Cuidado te ven tomando notas".
Recuerdo que, ante la avalancha de advertencias, entre divertido y atribulado pens� "�y entonces a qu� diablos voy a Culiac�n?".
III
A ver una ciudad profundamente afectada por el narcotr�fico. A eso. La urbe donde se forjaron el Chapo Guzm�n, los Beltr�n Leyva y el legendario Amado Carrillo, el "Se�or de los Cielos". La zona donde se tiene noticia de cultivos de amapola y tr�fico de opio desde la Segunda Guerra Mundial. La poblaci�n donde el escritor espa�ol Arturo P�rez Reverte hizo nacer a la inescrutable Teresa Mendoza Ch�vez, protagonista de su novela "La Reina de Sur".
Aunque esa Culiac�n no se hace evidente a primera vista, poco a poco, empiezan a brotar se�ales que me remiten a la Medell�n de finales de los 80: caravanas de veh�culos artillados del ej�rcito patrullando las calles. Una camioneta 4X4 con vidrios polarizados, corriendo a toda madre por una concurrida avenida, sin importarle qui�n est� por delante.
Y sobre todo la sensaci�n de gran opulencia: una avenida en la que, por m�s de un kil�metro, s�lo se ven almacenes de autos de lujo de todas las marcas imaginables. Enormes centros comerciales. Casinos. Y un evidente boom de la construcci�n.
Aqu� me aseguran que buena parte se debe a las enormes cantidades de dinero que el narcotr�fico ha puesto en circulaci�n. Como en la capital antioque�a.
Pese a todo, no percibo el miedo y la tensi�n que sent� en los peores momentos en Medell�n, cuando la visi�n de un motociclista en medio de las sombras de la noche hacia titubear. Cuando un simple rumor desataba un toque de queda informal ("dicen que van a matar a todo el que vean en la calle despu�s de las 11 pm").
Y eso que me aseguran que Culiac�n no es escenario de una guerra, sino de dos.
IV
La otra guerra empez� el 1� de diciembre de 2006, d�a en que Felipe Calder�n se posesion� como presidente de M�xico. Como lo hab�a prometido en campa�a, Calder�n empez� una lucha m�s frontal contra el narcotr�fico.
Esta lucha ha tenido sus consecuencias en Culiac�n. De un promedio de 50 asesinatos mensuales durante al menos la �ltima d�cada, a partir de mayo de este a�o se pas� a 92.
Calder�n orden� la entrada del ej�rcito a la lucha contra el narcotr�fico.
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"Eso es a ra�z de los operativos" me asegura, estad�sticas en mano, Carlos Mor�n, coordinador del Consejo Estatal de Seguridad P�blica, un organismo en el que confluyen gobierno y ciudadan�a. No critica. S�lo se�ala una correlaci�n
matem�tica.
Pero esas matem�ticas no se acercan a las de Medell�n y el �rea Metropolitana en sus peores a�os, cuando los homicidios se pod�an contar en varios miles.
Mor�n me asegura algo m�s: que entre el 90 y el 95% de los asesinatos que se cometen en Culiac�n est�n relacionados con el narcotr�fico.
Esto significar�a que, por ahora, la violencia se ha mantenido entre los carteles y en la confrontaci�n con el Estado, sin desbordarse a los ciudadanos de a pie.
V
El periodista Javier Valdez cree que la violencia hace mucho que se desbord�.
"Ya no se necesita ser narco para que te toque. El narco es cotidiano, es una forma de vida. La gente cedi� la calle. De la banqueta de tu casa, a la casa del vecino, ahora hay un abismo. Aqu� el riesgo es estar vivo, no ser narco o pistolero".
Javier es intenso y algo desconfiado. Con raz�n: trabaja en "R�o Doce", un semanario como nunca tuvo Medell�n, dedicado a cubrir casi exclusivamente el fen�meno del narcotr�fico.
En el peri�dico, publica una columna -Malayerba- en la que cuenta incisivas historias cotidianas de la vida de los narcos: la ambici�n desaforada, las camionetas cuatro puertas, el sentido del honor en carne viva, las armas, el tr�fico, la m�sica. La vida r�pida y la muerte temprana.
VI
Al Mochomo Beltr�n Leyva le han compuesto al menos seis narcocorridos. Tres antes de su arresto, tres despu�s.
En "La captura de Alfredo Beltr�n", la Banda Imperio augura:
Se�or Alfredo Beltr�n,
Esperamos su regreso,
Ya su gente est� en el cien
Pa' cobrar lo que le han hecho
El viento me huele a sangre
Va a correr mucha, presiento.
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Banda Imperio
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Y en "Agarraron al Mochomo", Los Buitres cantan:
Por la capilla Malverde
Hay mucha gente rezando,
Para que salgas muy pronto
Y que sigas comandando.
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Los Buitres
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VII
La capilla de Malverde queda diagonal al Palacio de Gobierno de Culiac�n. En esta peque�a edificaci�n blanca y azul, el dios de los cristianos y todo su santoral le ceden lugar a Jes�s Malverde, un forajido del siglo XIX que -seg�n es fama en la regi�n- robaba a los ricos para darle a los pobres.
Pero lo que logr� que tenga santuario propio es la leyenda de que, despu�s de su muerte en la horca, empez� a hacer milagros. Las paredes de la capilla est�n tapizadas de fotograf�as, placas y ex votos que dan testimonio de ello.
Un hombre en chanclas, gorra roja y una camiseta arrugada del santo Malverde entrega a todos los visitantes un sobre para dejar ofrendas monetarias. Luego vuelve a su sitio: uno de los tenderetes que hay en la capilla, en los que se vende toda clase de recuerdos del santo: escapularios, estampas, oraciones, alpargatas, agua milagrosa y estatuillas.
Estas �ltimas son copias de la estatua original, que es objeto de devoci�n en un peque�o recinto interior. La efigie es un golpe de genialidad.
Seg�n me explica el novelista Le�nidas Alfaro Bedolla, nadie sabe a ciencia cierta si Jes�s Malverde existi�. Mucho menos se conocen sus facciones. Por eso, Eligio Gonz�lez, guardi�n original del culto y quien construy� la capilla, decidi� que la representaci�n terrenal del santo deb�a combinar los rasgos de Jorge Negrete y Pedro Infante, los dos artistas populares m�s queridos en M�xico.
Ese Malverde con figura de gal�n es seguido con devoci�n por mucha gente humilde -algo que la jerarqu�a cat�lica tolera-, pero tambi�n tiene un lugar especial en los poblados panteones de los narcotraficantes.
Un joven que lleva varios celulares a la vista llega hasta el busto de Malverde, toma agua de una vasija blanca, asperja la estatua y luego se persigna. Mientras lo observo, pienso en la Virgen de Sabaneta, localizada en una iglesia cerca de Medell�n y que se hizo famosa por la veneraci�n que le ten�an muchos aspirantes a narcos y j�venes asesinos.
Es la misma de la novela "La Virgen de los Sicarios", del medellinense Fernando Vallejo.
VIII
El narco es un terreno f�rtil para el mito y por lo tanto para la escritura. Culiac�n, como Medell�n, ha producido escritores de quilates. Quiz�s el m�s conocido sea �lmer Mendoza, ganador del premio Tusquets por su novela "Balas de Plata".
Con �l voy al Caf� Mir�, donde el protagonista de "Balas de Plata" -Edgar "El Zurdo" Mendieta, un polic�a cuarent�n, honesto y desdichado- tambi�n acostumbra a ir.
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De la entrevista con �lmer Mendoza
-�lmer �por qu� sigue en Culiac�n?
-Me gusta mi caaasa, cabr�n
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"El narcotr�fico es un tema muy atractivo, generador de leyendas, de situaciones; de h�roes y antih�roes", me dice este hombre alt�simo, que tiene la refrescante costumbre de soltar una palabrota de tanto en tanto.
Prueba evidente de ello es que, en la escuela de narradores en la que ense�a, un 30% de las historias gira alrededor del narco.
Le hago una pregunta que me punza hace d�as: expertos han dicho que el Cartel de Medell�n fue influido por las "caracter�sticas" de la gente de la regi�n de Antioquia: trabajadora pero aferrada al dinero y que se considera recursiva y arrojada porque sali� adelante en medio de una topograf�a monta�osa y agreste. Ultra regionalista.
�Ocurre lo mismo con el Cartel de Sinaloa?
Duda. Me mira. Responde. "Es posible. Puede decirse que en la zona hay una tendencia a la temeridad. Los conquistadores espa�oles que se quedaron ac� eran diferentes, estaban dispuestos a v�rselas con la naturaleza. Es una zona inh�spita que fueron convirtiendo en vivible".
IX
Terreno del mito: vendedores y compradores de d�lares en la calle Ju�rez, donde la protagonista de "La Reina del Sur" empez� su carrera. Seg�n un antiguo habitante del sector, all� lavan d�lares por "costalados".
X
El mochomo es una hormiga roja, de picadura feroz, capaz, cuando est� acompa�ada, de desbrozar un �rbol frondoso en una noche.
XI
Diez segundos. Eso fue lo que se tard� la profesora Elizabeth Moreno en desmontar mi pregunta sobre c�mo las caracter�sticas de una regi�n pueden influir sobre la delincuencia organizada.
"Es un estereotipo", me dice en su oficina situada en los profundos s�tanos del departamento de Literatura de la Universidad de Sinaloa.
"La teor�a de la influencia del medio ambiente en las personas ya est� devaluada".
Seg�n ella, desde el centro (es decir, Ciudad de M�xico) los medios de comunicaci�n han retratado el norte como territorio de b�rbaros. Algo que, dice, sucede desde tiempos de la Colonia.
"Aqu� en el norte viv�an muchos grupos ind�genas que no se dejaron colonizar. Los llamaban Chichimecas, que quiere decir 'perro sucio'. Es incre�ble, pero a�n hoy en los libros de texto hay much�simas p�ginas para las culturas mesoamericanas -Azteca, Maya, Tolteca-, pero s�lo unos p�rrafos para los Chichimecas".
"Es un clich� que persiste. Lo que desconcierta es que los norte�os estamos asumiendo que es cierto, que somos violentos".
En medio del v�rtigo de estas referencias hist�ricas, recuerdo que en Colombia el prefijo "chichi" se usa para restar importancia. Una "chichigua" es algo de valor �nfimo. Y en Medell�n, un "chichipato" es un ladronzuelo de poca monta. O un narco menor.
XII
En Culiac�n, a los chichipatos les dicen buchones. Son f�ciles de identificar.
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(Los buchones) son los m�s ostentosos y buscapleitos. A las mujeres les gusta usar mucha piedrecita de colores en los vestidos. Los muchachos se visten como si fueran de los ranchos: botas, jeans.
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"Son los m�s ostentosos y buscapleitos. A las mujeres les gusta usar mucha piedrecita de colores en los vestidos. Los muchachos se visten como si fueran de los ranchos: botas, jeans. No usan muchas joyas. Las mujeres s�. Tambi�n les gusta llevar varios celulares".
Javier, un estudiante de 17 a�os, me est� hablando de su universidad, la de Sinaloa. Pero igual podr�a estarme platicando de cualquier chichipato o chichipata de Medell�n.
Por el contrario, los "emperadores" -como los llama Ra�l El�nes, un ex diputado de izquierda que se conoce la ciudad al dedillo-, es decir, los narcos m�s poderosos, son discretos y tratan de no aparentar.
XIII
En la puerta del garaje de una casa del barrio Tierra Blanca -famoso en Culiac�n porque los narcos originales, los de los a�os 50, viv�an all�- hay un mensaje de amor.
En esa sencilla casa viv�a Alberto Beltr�n. El mensaje dice, en enormes letras negras: "Te amo Mochomo. Te extra�o. Tu ni�a q te ama. 18/sep/07".
Nadie se ha atrevido a borrarlo.