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Lunes, 22 de septiembre de 2008 - 11:35 GMT Image
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El misterio del perico, el gallo, y la chiva
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Fabrizio Mej�a Madrid
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Fabrizio Mej�a Madrid
Especial para BBC Mundo
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Dentro del edificio de la Secretar�a de la Defensa Nacional en Ciudad de M�xico existe un museo que no est� abierto al p�blico. En �l se muestran las joyas, armas, vestimenta, relicarios que les han sido incautados a los narcotraficantes desde 1985.

Afiche de 2005 donde se ofrece US$5 millones por Joaqu�n "El Chapo" Guzm�n
Las im�genes de los narcos se fueron filtrando en la cultura popular mexicana.
La colecci�n es una muestra de los s�mbolos de los que se nutre el narco en M�xico: una Colt .38 de oro e incrustaciones de esmeraldas que perteneci� a Amado Carrillo, l�der del cartel del norte�o estado de Chihuahua, y que fue un regalo del l�der del cartel de Sinaloa, Joaqu�n "El Chapo" Guzm�n, quien se fug� en 2000 de la c�rcel.

Un rifle AK-47 con una palmera de oro en la cacha, que pertenec�a a H�ctor "El G�ero" Palma; o una camiseta con doble blindaje en el lado del coraz�n que fue de Osiel C�rdenas, l�der del cartel del Golfo de M�xico.

Pero, adem�s de armas, hay sombreros, botas y cinturones de vaquero, altares a la Virgen de Guadalupe y a Jes�s Malverde, un santo originario de Sinaloa, donde comenzaron, en los a�os 50 -con las guerras de Estados Unidos en Corea y Vietnam-, las plantaciones de amapola y marihuana, y el tr�fico masivo hacia Estados Unidos.

El culto a Malverde establece lo que para el narcotr�fico es su justificaci�n moral: la ley y la justicia no son la misma cosa.

El mito de Malverde cuenta que era un ladr�n del siglo XIX, que se vest�a con hojas de pl�tano para pasar desapercibido (de ah� su nombre, el "mal-verde"), hasta que es apresado por la polic�a porque su compadre lo delata. Lo ahorcan y el cura no quiere sepultarlo. As� que la gente lo entierra en el camino y le pone una piedra encima.

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Estatuillas y objetos del culto a Malverde, santo de los narcos
Image El culto a Malverde establece lo que para el narcotr�fico es su justificaci�n moral: la ley y la justicia no son la misma cosa Image

Ahora, con una capilla y un culto no reconocido por la Iglesia Cat�lica, a Malverde se le piden favores para que resuelva una injusticia llev�ndole algo -lo que sea, pero que sea robado.

Esa santidad de lo ilegal fue adoptada por los narcotraficantes mexicanos que se tat�an la imagen de un hombre de bigotes, le levantan altares y financian capillas.

Asociaron lo "verde" del "mal" con la hoja de la marihuana. A tal grado qued� asociado un culto prohibido con el tr�fico de drogas que la DEA estadounidense, en los a�os 90, interrogaba a cualquiera que tuviera un tatuaje del santo.

Pero ahora, en el museo, toda esa imaginer�a del narco poderoso, nacido en tierras ind�mitas, y armado porque es valiente, ha quedado atr�s.

Las im�genes se fueron filtrando a la cultura popular mexicana, al cine, y a las canciones, pero los narcotraficantes ya no siempre usan esos s�mbolos. Algunos incluso los evitan.

La segunda generaci�n narco es de universitarios con grados en administraci�n de empresas, que no ostentan su dinero y contratan qu�micos para que les fabriquen drogas de dise�o.

La moda narco

El narco canta y act�a

El mercado de canciones y cine sobre narcotraficantes est� prohibido en estaciones de radio y salas de exhibici�n. Como el tr�fico mismo, vive de un mercado paralelo: los discos piratas y el cine que se hace s�lo en DVD.

En el caso del cine, existe ya desde 1976 cuando Antonio Mart�nez filma "Contrabando y traici�n" y "Mataron a Camelia la Texana", basadas en dos canciones, llamadas narcocorridos, escritas por Los Tigres del Norte, que son -por as� decirlo- Los Beatles del g�nero.

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Image La segunda generaci�n narco es de universitarios con grados en administraci�n de empresas, que no ostentan su dinero y contratan qu�micos para que les fabriquen drogas de dise�o Image

Las pel�culas de narcos cuentan siempre la misma historia: una familia honesta atraviesa problemas financieros -una mala inversi�n, una plaga en la cosecha de ma�z-, y acaba ayudando a traficar drogas.

Las pel�culas de bajo presupuesto aprovechaban los plant�os verdaderos de marihuana y amapola como locaciones, y a las novias de los traficantes, curvil�neas con minifaldas, como actrices.

Los narcocorridos son parte de una cultura prohibida, la de las drogas, que necesita justificarse moralmente. En sus versos se da cuenta de cu�les son los motivos y razones: que era muy pobre y ahora tengo de todo y sin l�mite y, aunque me maten, vali� la pena vivir en lo ilegal.

Son canciones de aqu�llos a quienes el narcotr�fico les signific� una metamorfosis. No s�lo de posesiones (ellos jam�s presumen de ser ricos, sino que hacen listas de sus posesiones: casas, coches, armas, dinero en efectivo, mujeres y alcohol), sino en t�rminos de poder.

Eran pobres don nadies, y ahora tienen poder... mientras dure. Toman el discurso del poder imperante: la libertad de mercado y la legitimidad de hacer dinero.

De hecho, algunas canciones como "La cruz de amapola", se refieren a los capos como gerentes y a los dealers como distribuidores. Como la econom�a de mercado, los narcos se plantean como inobjetables:

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Chalino Sanch�z, un fallecido cantante de narcocorridos (Imagen: Wachtavato)
Image Los narcocorridos son parte de una cultura prohibida, la de las drogas, que necesita justificarse moralmente Image

Esto no es nada nuevo, se�ores,
Ni tampoco se va a acabar;
Esto es cosa de toda la vida,
Es la mafia de origen global.

El mensaje es cr�ptico. Si no sabes de drogas, no entiendes, porque parodia a las canciones rancheras mexicanas escritas por campesinos de ma�z, no por sembradores de amapola:


Vivo de tres animales que quiero como a mi vida;
Con ellos gano dinero y ni les compro comida.
Son animales muy finos: mi perico, mi gallo, y mi chiva.

El perico es la coca�na, el gallo es la marihuana y la chiva es un rifle de asalto AK-47, llamados "cuernos de chivo" por la forma del cargador. Esta canci�n pas� a la radio sin que los programadores supieran de su verdadero contenido.

El narcotraficante ideal que plantean los narcocorridos, y la narcocultura en general, es alguien que justifica todo por un culto individual a la autonom�a personal.

No se deja dar �rdenes, no se rinde, sabe que se vive una vez y no quiere ser pobre.

Tampoco quiere ir a Estados Unidos de ilegal, porque significar�a una p�rdida de poder: prefiere "exportarle" drogas en su "sucursal".

Durmiendo con el enemigo

La narcocultura mexicana es, al mismo tiempo, popular y prohibida. Est� por todos lados: canciones, camisetas, cine, tatuajes.

Camionetas Hummer
Para algunos, la moda de comprar camionetas Hummer intenta imitar el modo de vida de los narcos.
De hecho, la moda de las clases media y alta de comprar camionetas Hummer con vidrios polarizados viene de tratar de sentirse seguros como ellos, es decir, impunes.

Que la clase media escuche narcocorridos o vea cine de ese g�nero ayuda, tambi�n, a una cierta identidad en un pa�s donde la gente es m�s emp�tica si ve el mismo programa de televisi�n que si vive en la misma ciudad.

Y es una cultura que se plantea a s� misma como funcional a la econom�a global: es un mercado de exportaciones que, si no existiera, har�a a mucha gente infeliz.

Cuenta con medios de comunicaci�n, m�sica y cine, y una est�tica que, si bien ya no es usada por los capos superiores, sigue reclutando a las nuevas generaciones como identidad: botas, cintur�n, camisas con pedrer�a incrustada, y un iPhone.

El narco dice lo mismo que el mercado global en un pa�s como M�xico donde las oportunidades nunca son, ni remotamente, las mismas para todos: todo, aqu� y ahora.

As� me lo explic� hace algunos a�os un reci�n reclutado joven de 14 a�os en Culiac�n, Sinaloa, donde todo empez�: "Ya me dieron un apodo".

Para �l era el principio de una carrera gerencial vertiginosa - tanto, que quiz�s acabar�a muy pronto a fuerza de balas.

Y, acaso, su rev�lver de oro, terminar� expuesto en un museo.


Fabrizio Mej�a Madrid naci� en Ciudad de M�xico en 1968. Actualmente es colaborador de la revista "Proceso". Tambi�n escribe en las revistas "Letras Libres", "Gatopardo" y el suplemento "El �ngel" del peri�dico "Reforma". Sus textos se han publicado en "The Mexico City Reader" (University of Wisconsin Press, 2004) y "A Ustedes les consta", la antolog�a de cr�nica mexicana de Carlos Monsiv�is, entre otros.



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